
Debe de tener muchas facturas pendientes, porque no para de disparar. A diestro y siniestro, arriba y abajo. Aprovecha cualquier circunstancia para pontificar, de hecho no ha parado de hacerlo desde que finalizó la temporada, con un solo objetivo: el Real Madrid.
Joan Laporta se ha mantenido fuera de los focos durante toda la temporada. Al club y al equipo le ha ido muy bien esta decisión, seguramente motivada por el protagonismo de Pep Guardiola, que hasta eso ha sabido gestionar, seguramente sin querer.
No sé si el presidente del Barça está mal aconsejado -no lo creo- o no se deja aconsejar -lo más seguro-, pero ha recuperado ese estilo agresivo del que había hecho gala durante buena parte de su mandato.
Personalmente no me gusta ese perfil de Laporta, más propio de un contertulio radiofónico, que de un presidente de una gran entidad. Salvo el 'tritranquilo', pronunciado antes de viajar a Nueva York el día después de que el Madrid contratara a Kaká, no ha acertado en sus maneras.
Pocos se creen ese mensaje repetitivo en el que desea la continuidad de Eto'o, pero lo peor es esa madriditis presente en todas sus declaraciones. Aunque lo piense él y también todos los barcelonistas, Laporta no puede hablar sobre el modelo Florentino en términos de imperialismos, prepotencias y chollos, es una cuestión de clase, de saber estar.
Por eso, aún peor me parece su análisis sobre 'los canguelos y los cagómetros', que "han acabado por explotar en las narices" de los medios madridistas. Nos guste o no, para bien y para mal, el fútbol es efímero. Los títulos conquistados, y las decepciones acumuladas, caducan al poco tiempo. El triplete es motivo de orgullo para todos los culés, algo que se recordará siempre, pero hay que mirar hacia adelante y pensar en el futuro, sin olvidarse de nada.
Ah, y otra cosa, después de tanto largar contra los medios pro-madridistas, lo que no acabo de precisar es porqué se prodiga tanto en ellos. Por ejemplo anoche, después de denunciar la explosión nasal, habló para Onda Cero y Radio Marca.