La Coctelera

Categoría: Barça

31 Mayo 2013

En el momento oportuno. Nunca más tarde. Esa es una de las lecciones que nos han dejado las ruedas de prensa de hoy de Víctor Valdés y de Carles Puyol. Contar la verdad o tú verdad es una manera de poner coto a la especulación, ese runrún eterno del que viven los medios de comunicación quienes, a falta de noticias verificables (eso es otra cosa), muchas veces recurren al ruido para imaginar la realidad.
A uno y a otro se les agradece la sinceridad, pero llega tarde. Ambos admiten que se equivocaron en no dar explicaciones antes y no si atendieron al consejo de reaccionar al momento o tal vez éste nunca se produjo.
En el caso Valdés, el portero fue con la sinceridad como bandera y se le malinterpretó. Pidió al club realizar un comunicado conjunto para explicar que no iba a renovar su contrato que vence en junio de 2014 y el Barça no estuvo de acuerdo.
Se quedó sólo ante el peligro y ahora no tiene ofertas y los días contados como portero del Barça. El club tendría que venderlo ya para hacer algo de caja, sino el año próximo quien cobrará la prima de fichaje será el meta.
Mientras tanto desde enero hasta ahora se han producido todo tipo de especulaciones sobre la vida privada en torno a Valdés. Callar es otorgar, pero no era así, seguro que ahora se ha dado cuenta.
Lo de Puyol ha sido diferente. Un rosario interminable de lesiones que se ha encargado hoy de recordar y que le han llevado 13 minutos de explicación. Un problema físico que viene de largo y la decisión de operarse la rodilla justo cuando el club le había citado para renovar su contrato.
Dice que quiso romper el acuerdo hasta no estar plenamente recuperado y que así se lo propuso a Sandro Rosell. En un ataque de sinceridad tardía Puyol, que es el capitán del equipo y tendría que haber calibrado mejor sus movimientos, ahora admite que pensó hasta en retirarse y que una recuperación prevista para 4 ó 5 semanas puede convertirse en una baja de 4 ó 5 meses.
Mientras tanto, en los mentideros futbolísticos, el motivo por el que se operó Puyol fue a causa de una ataque de cuernos por no haber jugado contra el Milan en la vuelta de octavos de final y, de paso, gozar de más tiempo para poder jugar la Copa Confederaciones con España, el único trofeo que le queda por ganar, decían.
Valdés y Puyol han demostrado hoy que todo es mucho más simple y que la única manera de acabar con las especulaciones gratuitas pasa por comunicar, comunicar de una manera fiable, como hemos visto hoy.

30 Mayo 2013

A él le hubiera gustado seguir, pero el club lo ha visto de manera diferente. Es una decisión respetable, pero no compartida por muchos barcelonistas, y preocupante que nadie haya sido capaz de explicarla, bien o mal, pero explicarla, porque el motivo ofrecido por Andoni Zubizarreta: “No es una cuestión futbolística, sino emocional” , no aporta nada al debate.

Eric Abidal es un símbolo de éste Barça y del Barça del futuro. Su persona resume el concepto #valores que tantas veces el Barça ha asociado a su manera de hacer las cosas dentro y fuera del terreno de juego. Abidal es la lucha, la tenacidad, el trabajo bien hecho, es el tipo que nunca se rinde, la bandera del espíritu de superación, un ejemplo para los más jóvenes y es un error que su imagen no continue ligada ahora al club azulgrana, en el momento más importante de su vida.

Con las lágrimas en los ojos, Abidal ha recordado sus mejores momentos con el Barça, su estreno, el día que los doctores le detectaron el tumor, el día que volvió a jugar en el Camp Nou y el gesto de los capitanes que le permitieron levantar la Champions en Wembley.

Las decisiones tendrían que ser más simples y en este caso habia dos opciones: A) Decir, llegado el caso y sin ambages, que el futbolista no está para jugar al máximo nivel y acabar con el asunto o B), mejor aún, renovar un año su contrato y permitir que el jugador se convenciera por sí mismo de si está no en condiciones de continuar.

Esa es la clave de todo. Al final, ni una cosa ni la otra. Tal vez, en este caso, Zubi tiene sus motivos y vale más por lo que calla que por lo que dice. Lo veremos.

 

14 Mayo 2013

Era el título que tenía que recuperar y el Barça lo ha conseguido. Una Liga plagada de dificultades, basada en una maravillosa primera vuelta y también en la inconsistencia del Real Madrid, que aún parecía estar celebrando la anterior y, cuando se dio cuenta, ya la había perdido. Un campeonato presidido por los problemas de salud de Tito Vilanova y de Abidal, también con el interés por comprobar cómo iba a reaccionar el equipo después de la marcha de Josep Guardiola, quien había marcado una época en el Barça y en el fútbol mundial.

El inicio fue tan espectacular, dio la impresión de haber ganado la Liga en noviembre, que después todo fue demasiado pronto cuesta abajo. La excelencia mostrada por Leo Messi ha enmascarado muchos de los males del equipo, unos problemas que ya fueron muy visibles en la recta final de la temporada cuando la categoría de los rivales aumentaba.

Los meses sin Vilanova fueron un largo camino sin liderazgo. Se aseguró la Liga a costa de evitar rotaciones entre los titulares, quienes acumularon tantos minutos que al final sus piernas y sus cabezas ya no respondían de igual manera.

La Liga es un gran premio, pero no puede esconder la realidad. El equipo necesita regenerarse para seguir creciendo y existen dudas razonables sobre el técnico, un entrenador perseguido por una cruel enfermedad que ha lastrado su capacidad. La incógnita reside en si Vilanova se siente con las fuerzas necesarias para seguir adelante o si da un paso hacia el lado. En todo caso, visto el perfil poco intervencionista del equipo directivo, la decisión parece más de Tito que de Sandro. El otro caso pendiente, el de Abidal, parece que el defensa francés tiene sus días contados como jugador profesional del Barça.

A pesar de haber cerrado el campeonato con brillantez, la campaña no ha sido muy placentera ni en ámbito deportivo ni en el institucional. Desde el anuncio de Víctor Valdés negándonse a renovar su contrato hasta la intempestiva operación de Carles Puyol. La venta de entradas a bajo coste a seguidores señalados por los Mossos d’Esquadra ha sido uno de los grandes errores de la directiva de Rosell.

Para el año próximo, el equipo necesita más rotaciones, repartir más los minutos, disponer de más opciones en ataque y más fiabilidad en defensa. Queda por resolver el encaje en el equipo de Cesc Fàbregas, si ha llegado el momento de darle galones a Cristian Tello, evaluar la evolución de Alexis y conocer los motivos por los cuales Pedro ya no es el que era. El otro delantero, David Villa, parece que ha cumplido su etapa como azulgrana y el que seguramente vendrá, Neymar, es un jugador que genera tantas expectativas como temores ante el reto de estrenarse en Europa.

Habiendo jugado a gran nivel, Busquets no ha estado de matrícula de honor como en los años anteriores y, además, Alex Song no ha tenido ocasión de demostrar que se le fichó para restarle minutos. A Xavi se le ha hecho muy larga la temporada e Iniesta ha sido el mejor de la media, manteniendo una buena línea, aunque un punto por debajo en cuanto a excelencia. Thiago es imprevisible y Dos Santos no ha aportado nada.

El gran problema del Barça es la defensa, la línea menos fiable y que seguramente ha lastrado el juego del equipo. No sé de quien es la frase: “El ataque gana partidos, la defensa campeonatos”, pero no es aplicable a lo ocurrido esta temporada en el Barça. La mejor noticia fue la incorporación de Jordi Alba, un lateral con alma de delantero. Él ha sido el mejor fichaje. En el resto de la defensa, muchas dudas. Alves se ha mostrado superior en ataque, pero inconsistente en defensa; Adriano ha pasado muchos partidos lesionado y Abidal, a causa de su grave enfermedad, apenas ha jugado.

Para comprender las dudas en defensa, hay que fijarse en el grupo de centrales. Gerard Piqué es el que más ascendiente ha tenido. Ha ejercido muchas veces de capitán en la sala de prensa y en el campo ha sido irregular, muy irregular. A su lado, la pareja más fiable la ha formado con Javier Mascherano, hasta que el argentino se lesionó en la rodilla. Puyol ha sido más noticia fuera (la lesión o su pretendida marcha al Milan) que dentro del campo, mientras que el que tendría que haber sido un gran año para Marc Bartra se ha convertido en una temporada de dudas. Pasó de no jugar a ser titular en los dos partidos de la Champions, incongruente. También apuntaba, y apunta, muy alto Martín Montoya, pero sus apariciones son muy esporádicas.

Y para redondear la ‘sit com’ está Víctor Valdés. Descolocó a todo el mundo cuando su representante emitió un comunicado anunciando que no iba a renovar su contrato (acaba en 2014). Valdés se quiere ir, pero aún no ha explicado por qué. Tampoco Puyol, el capitán, ha explicado por qué decidió someterse a una operación quirúrgica que no estaba programada. Demasiado ruido.

El Barça ha recuperado la Liga, su cuarto campeonato en cinco años, pero no es el equipo dominador que era. El Bayern de Múnich le desnudó totalmente en Europa y el Barça haría bien en reforzar su proyecto para volver a estar en lo más alto y no recuperar conceptos del pasado como la autocomplacencia.

24 Abril 2013

Sin traumas y con la cabeza fría. Ha llegado el momento de las decisiones, de retocar para volver a ser competitivo, de confeccionar un proyecto a partir del próximo éxito: del título de Liga que se concretará en unos días. El valor de lo conseguido por el maravilloso Barça debe ser el punto de partida, más allá de personalismos, de ganadores y de perdedores, ese mal endémico que ha envenenado al barcelonismo cuando han gobernado unos y han hecho oposición los otros y viceversa.

No es la hora de recriminaciones, sino de buscar soluciones. No es la hora de olvidar al mejor Barça de siempre, un equipo que ya está en los libros de la historia del fútbol. Es el momento de la responsabilidad sin que tiemble el pulso y va a resultar muy complejo. Porque complicado será decidir el futuro del entrenador cuando Tito Vilanova ha estado en otra lucha más importante durante muchos meses y el equipo bastante mérito ha tenido lidiando con la orfandad de estar sin su entrenador y sin otro referente, Eric Abidal.

En el plano emocional la directiva de Sandro Rosell no podía tomar decisiones entonces. Ningún barcelonista se lo hubiera perdonado nunca al presidente. Pero ahora hay que decidir y fichar. Saber con quién te quedas, quién se tiene que ir, quién vendrá y rehuir todas las comparaciones, las deportivas y las personales.

El Barça se tiene que reconstruir sobre una base sólida, admitiendo con normalidad que ya no es el mejor equipo del Mundo, pero sabiendo que cuenta con jugadores de primerísimo nivel y con Leo Messi, el mejor de todos. Mirar hacia el campo y al banquillo y tener las ideas muy claras, esa es la clave.

Históricamente las transiciones en Can Barça son complejas. Ahora estamos ante una de ellas y tres años después, en mitad de su mandato, ha llegado el momento de que Sandro Rosell pase definitivamente a la acción, de que todos los barcelonistas asuman la cruda realidad vivida anoche con el 4-0 ante el Bayern de Múnich y cuanto antes se asimile la nueva situación, será mejor para todos.

Y habrá que comenzar a hablar desde el número uno hasta el once. De Valdés, de si conviene fichar a ese central que compense el equipo o de si hay plena confianza en el emergente Bartra; de analizar el papel de Xavi Hernández o de revisar el de Puyol; de si ha llegado el momento de aprovechar la oportunidad del mercado y poner en el mismo a Alexis, a Villa o a los dos, de si hay que darle más protagonismo a Thiago, de donde ubicar a Cesc, de Tello, de Song, de todos...

El doloroso 4-0 ha sido el baño de realidad que el Barça necesitaba para emprender una pequeña revolución y planificar su futuro. No es un cambio de ciclo, es la necesidad de darle un nuevo impulso a un proyecto que necesita ser agitado con naturalidad, sin traumas y sin agobios.

La foto es de fcbarcelona.cat

1 Abril 2013

El tipo no es uno más y el libro tampoco podía serlo. Aunque nunca nos hemos referido a aquel primer encuentro, hoy se me ha venido a la cabeza. Fue a finales de los noventa, llegó con una recomendación y me llamó la atención de quién era. Me habló de Enrique Escande, un periodista genial de Efe, quien habia sido su maestro en la escuela DeporTEA; me llamó la atencion su sencillez y me dolió no poder ofrecerle una oportunidad en Efe porque sabía que hubiera encajado perfectamente.

La vida y el periodismo le han dado otras oportunidades y él siempre las ha aprovechado. Vitalista y constante, Ramiro Martín Llanos ha ido cerrando etapas profesionales de la misma manera que se abría otras y ahora estrena libro y a lo grande.

No es “Messi, un genio en la escuela del fútbol” un libro más, un texto trufado de otros textos, un compendio de batallitas contadas con más o menos gracias del futbolista más grande de la historia. Estamos ante un libro bien pensado y mejor estructurado, una apuesta por el rigor y la anécdota, bien escrito y que servirá de referencia para las obras futuras que seguro se escribirán sobre Leo Messi.

Cuando una tarde de febrero nos citamos para hablar de 'Messi, un genio...', a Ramiro le brillaban los ojos. Me interesó el proceso de elaboración y la metodología de trabajo, por qué así y de no otra manera, cuánto tiempo empleó en trabajar sobre el terreno y cómo solventó el miedo a enfrentarse al momento culminante: darle forma a toda aquella ingente información y enfrentarse a la pantalla en blanco de su Mac.

Y el resultado es un excelente ejercicio. Prologado por Ezequiel Fernández Moores -que nadie se pierda su columna semanal en Canchallena, Martín nos traza el camino de Leo, desde Rosario a Barcelona, y la impronta que ha dejado el Barça, sus entrenadores y el espíritu de La Masia en el juego del futbolista. En otro plano, también intuimos el largo viaje que realizó Felipito desde ese potrero en Ituzaingó...

 

Lider fútbolístico del equipo, Messi tenía que ser quien lanzara las faltas directas. Maradona descubrió que Leo chutaba la pelota con un disparo demasiado seco y que ésta no cogía el efecto necesario. “No saques tan rápido el pie del balón, porque ella no sabe donde estás diciéndole que vaya. Deja ir un poco más el pie”. Era una cuestión de información. La evolución de Leo Messi como lanzador de faltas es una muestra de su capacidad de superación. A diferencia de Maradona, un elegido para esta práctica, el rosarino perfeccionó el disparo hasta convertirse en un consumado lanzador.

 

(de Messi, un genio en la escuela del fútbol)

22 Febrero 2013

Más que un plan B, lo que necesita el Barça es más tensión competitiva. Con la Liga decidida desde hace semanas, el equipo parece que se estaba reservando para una ocasión especial y a las primeras de cambio, en una de las grandes citas se ha deshinchado. El partido en Milan lo hemos visto unas cuantas veces en el pasado, aunque con versiones diferentes. Viene al recuerdo la pesadilla del año pasado ante el Chelsea o la sufrida ante el Inter de Mou, pero la última derrota en San Siro adquiere otra dimensión.

En Londres, el Barça avasalló al rival. Instinto asesino en los ojos de los jugadores y sólo la falta de puntería evitó una goleada ante el Chelsea. En la vuelta, hecho lo más difícil, marcar un gol a un equipo que había instalado un trolebús en su área, falló en los detalles: una jugada mal defendida antes del descanso y con un jugador más; y un penalti errado por Messi.

Ante el Inter de Mou, el recuerdo es el del mal arbitraje de Benquerença en un partido en el que el Barça se adelantó en el marcador. En la vuelta, todos sabemos cuál fue el error: un exceso de adrelina en la grada que se traspasó al campo.

Más grave y trascedente me parece la derrota en San Siro. Se repitió el guión. Los delanteros rivales se convierten en marcadores de los defensas del Barça y los azulgrana no encuentran soluciones ante el colapso existente en el centro.

La cuestión está en la diferencia de tensión con la que el equipo afronta los encuentros de la Liga y, claro, el endémico problema que le supone regresar a la Champions tras el parón. No nos engañemos, los goles han escondido muchas veces partidos mediocres del Barça en esta temporada, los goles especialmente de Messi, una bestia competitiva que ha enmascarado las dudas del equipo en ataque.

Pero a Messi se le ve cansado. Mantiene esa indiscutible calidad para finiquitar los partidos, pero se le echa en falta esa punta de velocidad para desbordar, esa capacidad para ofrecer soluciones cuando el partido está en ese punto en el que el balón no corre y los rivales se conforman con el 0-0.

En el fondo, es una discusión conceptual. En determinados partidos, la apuesta por jugar con cuatro centrocampistas, uno de ellos en la banda, ofrece múltiples soluciones, pero cuando llega el colapso, hay que tomar la decisión: ¿Iniesta o Cesc? La otra plaza habría que ocuparla con un extremo. Si Alexis anda con todas las dudas del mundo y Villa, lesionado, en San Siro hubiera sido el momento de Tello, sin problemas.

Después, o antes, está la falta de fiabilidad defensiva. El Barça ahora no construye desde atrás, sino que se destruye desde sus errores defensivos. Jugar con carrileros que tienen el alma atacante supone que los dos centrales y el mediocentro estén obligados a compensar los espacios que se dejan, pero esta temporada no se consigue casi nunca y el número de goles encajados ha aumentado considerablemente.

Podemos aderezar los problemas del equipo con el 'affaire' Valdés y sumarle a ello la supuesta falta de liderazgo desde el banquillo. Ruido, solo ruido, como diría Pep Guardiola.

Desde la temporada 2004-05, el Barça ha caído en dos ocasiones en los octavos de final de la Champions. La primera a manos del Chelsea y la última (2006-07) frente al Liverpool. Eran otros tiempos, desde entonces el crecimiento no tenía fin, ahora ganar es la normalidad y se puede haber convertido en una mala costumbre.

 

PD: La foto es una desaturación de una imagen de AFP

 

1 Febrero 2013

Es el periodismo de suposiciones. Sospechas que se transforman en supuestas realidades, realidades que generan ruido, el ruido degenera en opinión, la opinión en descrédito y el descrédito acaba con todos, especialmente con la credibilidad de los periodistas.
No sé si Messi esperó a Arbeloa para llamarle 'bobo' y que además lo hiciera delante de la mujer de éste, lo cual sería una falta de educación añadida. Tampoco estaba allí para certificar si le llamó a Karanka "muñeco de Mourinho". No lo sé, pero parece que mucha gente sí y que su credibilidad está por encima de todo.
Recuerdo que a Gerard Piqué lo han señalado unas cuantas veces por sus excesos verbales en el túnel de vestuarios, como a Pepe o a Sergio Ramos. Ruido, suposiciones, filtraciones interesadas.
La realidad se demuestra a partir de pruebas. Hasta ahora lo único que sabemos es que Mourinho esperó a Teixeira Vitienes, después de un partido Barcelona-Real Madrid en el párking del Camp Nou.
Aquella noche un fotógrafo plasmó el momento. No hubo denuncias ni sanciones, a pesar de la evidente intencionalidad del entrenador del Real Madrid.
Viendo la secuencia me viene a la cabeza una microhistoria del maestro Cortázar:

Un cronopio pequeñito buscaba la llave de la puerta de calle en la mesa de luz, la mesa de luz en el dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa en la calle. Aquí se detenía el cronopio, pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta.

La foto es de Pere Puntí (Mundo Deportivo)

18 Enero 2013

No estamos acostumbrados a ataques de sinceridad y por ese motivo cuando alguien dice lo que piensa, nos extrañamos y se llega a criticar sin analizar nada más. En tiempos en los que es más importante ser políticamente correcto que los sentimientos, Víctor Valdés ha verbalizado un deseo. No va a renovar su contrato, un compromiso que finaliza dentro de 18 meses, y a nadie le tendría que sonar mal. Hay futbolistas que quieren finalizar su carrera en el Barça y otros que quieren probar otros colores antes de retirarse. 
Y si repasamos la trayectoria de Valdés, encontraremos motivos para entender su manera de proceder. En un gran 'Informe Robinson' (abril 2010), Valdés explicó que estuvo a punto de dejar el fútbol por la presión que le suponía defender una portería. De hecho, abandonó La Masia y el Barça y su calidad era tal que el tren volvió a pararse por segunda vez en su estación.
Un portero que no quería ser portero, un tipo especial que durante diez años de su vida -de los ocho a los dieciocho- no entendía por qué no podía celebrar los goles de su compañeros ni tampoco por qué cuándo encajaba un gol, todos le venían a gritar a él.
Un drama cada fin de semana, un sinvivir perpetuo. Valdés pensó que su vida no tenía sentido porque tenía pánico a fallar. En los inicios de su carrera necesitó ayuda psicológica, tal vez entonces es cuando empezó a tocar el piano- "a aporrearlo más bien", como a veces recuerda- y hasta que no se dio cuenta de que todo era un juego, no empezó a disfrutar de su profesión.
El barcelonismo, que le gusta flagelarse continuamente, tiene que recordar los méritos de Víctor Valdés para no confundir el tiro. Es el portero que más partidos ha vestido la camiseta azulgrana y un día brilló tanto que su estrella apagó a la de Thierry Henry en el cielo de Saint-Denis. Buena parte de la Champions de Rijkaard es suya, así que por favor, no disparen al pianista.

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