
Desde la perspectiva que le dan sus 73 años, Xavier Rubert de Ventós nos cuenta que la vida va más de sexo que de amor. Cuenta que lo importante para pasárselo bien es dejarse ir. "Una de las maneras de encontrar la felicidad es no buscarla", insiste un tipo que es un genio, pero no tiene nada de loco y que disfruta con las pequeñas cosas.
Había leído alguno de sus artículos en prensa y no entendía cómo un filósofo, profesor universitario y catedrático de estética podía haber caído en las redes de la política durante diez años. Un tipo listo secuestrado durante tanto tiempo. No me cuadraba.
Anoche en 'El convidat' descubrí a una persona lúcida, un tipo que nos recuerda que la vida va "de sexo, no de amor"y que pasárselo bien en la vida significa "salir de ti mismo y quedarte fuera" y que en lugar de estar "comiéndote el coco" se trata de "disfrutar del placer intenso".
"Una de las maneras de encontrar la felicidad es no buscarla, quedarse al pairo. Suficiente para que te arrastre, pero no lo suficiente para que vuelques...".
En tiempos complicados como éstos, quedarse 'al pairo' es una buena solución, nada que ver con quedarse a merced del viento. Rubert de Ventós es independentista y defiende la hispanidad. "No es un lío", tal y como se explicó en un antiguo artículo de 2011 que hoy rescato.
El esteta considera que su desazón frente al nacionalismo catalán "no era tanto una cuestión ideológica como de método" y admite que deseaba para su país "esa interdependencia (soberanía) que ejercen y con la que operan hoy los estados".
Considera que en los noventa ese era un sueño de "cuatro gatos" nostálgicos o visionarios, pero que ahora se va transformando en un horizonte plausible al menos para nuestros nietos.
"Somos un país lo bastante grande para ser relevante, competitivo y políticamente viable... Para mantener ese estatus, eso sí, es imprescindible un Estado tan in(ter)dependiente como los demás; un Estado con el que Catalunya dejaría de ser percibida desde España como un peligro, como un estorbo...".
Rubert de Ventós recordaba en su artículo que Catalunya no puede sobrevivir a la intemperie de la globalización, la inmigración y el desempleo con "un brazo atado a la espalda del actual sistema de financiación".
Nunca es tarde para descubrir a un genio que hasta ahora me había pasado inadvertido. Me quedo con su referencia sobre la vida y la mejor edad:
La mejor edad de la vida son los cuarenta. La vida tiene como un proceso de experiencia creciente y de vitalidad declinante y hay un momento donde estos dos momentos se cruzan. Tienes bastante experiencia y aún tienes vitalidad, no la vitalidad sin experiencia ni la experiencia sin vitalidad. En mi caso fue en los cuarenta, cuando tenía todas las potencias y era lo puta que se tiene que ser para sobrevivir mínimamente. El momento de la sincronía, de la sintonía y de la relativa buena instalación del cuerpo...