
Psicológos de 15 años en el aula
Estefania Marin
Una mala mirada que deriva en rivalidad, malos entendidos que crecen como una bola de nieve o presuntos casos de acoso escolar entre alumnos (bullying) que, finalmente, no lo son. Esta es una pequeña muestra de la cartera de conflictos que una veintena de alumnos del IES Vicenç Plantada de Mollet han resuelto este año, como si fueran profesionales de la mediación.
En realidad, son alumnos de ESO y Bachillerato, que han participado en una asignatura optativa de resolución de conflictos y que ha desembocado en un servicio de "mediación entre iguales". Así es como lo define la profesora Lourdes Perez, responsable y defensora acérrima del proyecto, que también se lleva a cabo en otros centros de la comarca. El objetivo está claro: detener conflictos antes de que se hagan más grandes y que exploten dentro o fuera de las aulas. El porcentaje de casos resueltos de este servicio pionero, con tres años de trayectoria, habla por sí solo. "Acostumbra a ser del 95 por ciento", dice Miriam Moreno, de 16 años, alumna y miembro del programa desde que empezó. La eficacia del sistema se basa, según la coordinadora Lourdes Perez, en el hecho de que los responsables de la mediación son jóvenes que consiguen ganarse el respeto de sus compañeros con su capacidad para escuchar y sus consejos. "Tienen la misma autoridad que un profesor, pero sin el poder sancionador y eso ayuda mucho", dice Perez.
Las normas que tienen que acatar los mediadores y, sobre todo, los alumnos en conflicto son claras: sinceridad, empatía y confidencialidad. Si no se cumplen, es difícil encontrar una solución. "Normalmente todos las aceptan y se dejan ayudar", dice Naiara, de 15 años. Durante este curso, todos los implicados en los 49 conflictos detectados han accedido a dejarse aconsejar.
El camino desde que se detecta una tensión hasta que se soluciona es largo. Normalmente, una de las dos personas implicadas en el conflicto pide ayuda de forma confidencial (mediante un buzón específico del servicio) o directamente a los mediadores. Estos se ponen en contacto con las dos partes, escuchan las versiones por separado y juntas. Después buscan pactos para la convivencia que convenzan a todos. Y finalmente, cuando los dos afectados aceptan, hay que hacer un seguimiento para ratificar que las tensiones han terminado de verdad.
La mayoría de los alumnos mediadores empezaron en el proyecto por curiosidad. Ahora están tan involucrados que prescindir del mismo sería como un castigo, explican. Algunos se han convertido incluso en mediadores después de haber formado parte de un conflicto, como Montse, de 15 años: "Hacer de mediadora me ha enriquecido. Aprendes a ponerte en la piel de los otros y que siempre hay más de una versión".
Un interesante iniciativa. A veces la resolución de conflictos puede ser más sencillo de lo que imaginamos. El artículo ha aparecido en El 9 nou.
La foto es de Danypadua.




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