
Siempre hemos intentado cumplir con el trato: realizar el mejor periodismo, cubrir todos los ángulos posibles de las informaciones, llegar a lo máximo posible, darle la voz a los mediáticos y también a los más minoritarios.
Ahora todo eso será muy complicado. Se prioriza lo económico a lo periodístico. A Efe, unos y otros, la han dejado desangrar. A los políticos de turno nunca les ha interesado blindarla con un estatuto propio, porque ya les iba bien, y ahora se rubrica el desastre.
Sin recursos, tendrán que ser sus trabajadores los que sufraguen esas pérdidas. La mitad de sus 1.200 empleados sufrirán un recorte entre el 25 y el 50 por ciento de jornada laboral y de su sueldo; para el resto rebajas de sueldo en torno al 10 por ciento. ¿Alguien cree que ahora el producto será competitivo?
La pérdida progresiva de peso informativo tocará fondo con unos servicios bajo mínimos. Recortes en la plantilla y también para los colaboradores, que ya sufrían cobrando cantidades irrisorias por sus textos.
Efe se ha quedado siempre a medias. Nunca se había atrevido a dar los pasos necesarios en el momento oportuno. Se trastabilló con el nacimiento de internet, no reaccionó a tiempo ante la necesidad de crear productos multimedias, ha llegado tarde al reto de las redes sociales y ahora... Ahora la crisis es el motivo recurrente para recortar cuando los costes te ahogan, cuando los gastos de personal se hacen insoportables.
Los gurús se cansan de repetir que las oportunidades se multiplican en tiempos de crisis. No es el caso; debilitar a una empresa ya de por sí con poco músculo, importante para los medios, pero invisible para la opinión pública, es certificar su defunción. Hoy son recortes que afectan a la mitad de la plantilla y que se prolongarán durante dos años. ¿Cuál será la siguiente medida?







