
Era el título que tenía que recuperar y el Barça lo ha conseguido. Una Liga plagada de dificultades, basada en una maravillosa primera vuelta y también en la inconsistencia del Real Madrid, que aún parecía estar celebrando la anterior y, cuando se dio cuenta, ya la había perdido. Un campeonato presidido por los problemas de salud de Tito Vilanova y de Abidal, también con el interés por comprobar cómo iba a reaccionar el equipo después de la marcha de Josep Guardiola, quien había marcado una época en el Barça y en el fútbol mundial.
El inicio fue tan espectacular, dio la impresión de haber ganado la Liga en noviembre, que después todo fue demasiado pronto cuesta abajo. La excelencia mostrada por Leo Messi ha enmascarado muchos de los males del equipo, unos problemas que ya fueron muy visibles en la recta final de la temporada cuando la categoría de los rivales aumentaba.
Los meses sin Vilanova fueron un largo camino sin liderazgo. Se aseguró la Liga a costa de evitar rotaciones entre los titulares, quienes acumularon tantos minutos que al final sus piernas y sus cabezas ya no respondían de igual manera.
La Liga es un gran premio, pero no puede esconder la realidad. El equipo necesita regenerarse para seguir creciendo y existen dudas razonables sobre el técnico, un entrenador perseguido por una cruel enfermedad que ha lastrado su capacidad. La incógnita reside en si Vilanova se siente con las fuerzas necesarias para seguir adelante o si da un paso hacia el lado. En todo caso, visto el perfil poco intervencionista del equipo directivo, la decisión parece más de Tito que de Sandro. El otro caso pendiente, el de Abidal, parece que el defensa francés tiene sus días contados como jugador profesional del Barça.
A pesar de haber cerrado el campeonato con brillantez, la campaña no ha sido muy placentera ni en ámbito deportivo ni en el institucional. Desde el anuncio de Víctor Valdés negándonse a renovar su contrato hasta la intempestiva operación de Carles Puyol. La venta de entradas a bajo coste a seguidores señalados por los Mossos d’Esquadra ha sido uno de los grandes errores de la directiva de Rosell.
Para el año próximo, el equipo necesita más rotaciones, repartir más los minutos, disponer de más opciones en ataque y más fiabilidad en defensa. Queda por resolver el encaje en el equipo de Cesc Fàbregas, si ha llegado el momento de darle galones a Cristian Tello, evaluar la evolución de Alexis y conocer los motivos por los cuales Pedro ya no es el que era. El otro delantero, David Villa, parece que ha cumplido su etapa como azulgrana y el que seguramente vendrá, Neymar, es un jugador que genera tantas expectativas como temores ante el reto de estrenarse en Europa.
Habiendo jugado a gran nivel, Busquets no ha estado de matrícula de honor como en los años anteriores y, además, Alex Song no ha tenido ocasión de demostrar que se le fichó para restarle minutos. A Xavi se le ha hecho muy larga la temporada e Iniesta ha sido el mejor de la media, manteniendo una buena línea, aunque un punto por debajo en cuanto a excelencia. Thiago es imprevisible y Dos Santos no ha aportado nada.
El gran problema del Barça es la defensa, la línea menos fiable y que seguramente ha lastrado el juego del equipo. No sé de quien es la frase: “El ataque gana partidos, la defensa campeonatos”, pero no es aplicable a lo ocurrido esta temporada en el Barça. La mejor noticia fue la incorporación de Jordi Alba, un lateral con alma de delantero. Él ha sido el mejor fichaje. En el resto de la defensa, muchas dudas. Alves se ha mostrado superior en ataque, pero inconsistente en defensa; Adriano ha pasado muchos partidos lesionado y Abidal, a causa de su grave enfermedad, apenas ha jugado.
Para comprender las dudas en defensa, hay que fijarse en el grupo de centrales. Gerard Piqué es el que más ascendiente ha tenido. Ha ejercido muchas veces de capitán en la sala de prensa y en el campo ha sido irregular, muy irregular. A su lado, la pareja más fiable la ha formado con Javier Mascherano, hasta que el argentino se lesionó en la rodilla. Puyol ha sido más noticia fuera (la lesión o su pretendida marcha al Milan) que dentro del campo, mientras que el que tendría que haber sido un gran año para Marc Bartra se ha convertido en una temporada de dudas. Pasó de no jugar a ser titular en los dos partidos de la Champions, incongruente. También apuntaba, y apunta, muy alto Martín Montoya, pero sus apariciones son muy esporádicas.
Y para redondear la ‘sit com’ está Víctor Valdés. Descolocó a todo el mundo cuando su representante emitió un comunicado anunciando que no iba a renovar su contrato (acaba en 2014). Valdés se quiere ir, pero aún no ha explicado por qué. Tampoco Puyol, el capitán, ha explicado por qué decidió someterse a una operación quirúrgica que no estaba programada. Demasiado ruido.
El Barça ha recuperado la Liga, su cuarto campeonato en cinco años, pero no es el equipo dominador que era. El Bayern de Múnich le desnudó totalmente en Europa y el Barça haría bien en reforzar su proyecto para volver a estar en lo más alto y no recuperar conceptos del pasado como la autocomplacencia.









