La Coctelera

Categoría: libros

9 Abril 2013

En esta semana se fueron Miquel Poblet, Sarita Montiel y Margaret Thatcher. Hoy mismo ha muerto, José Luis Sampedro, un tipo genial que pergeñó una obra de arte: La sonrisa etrusca.

Salvatore Roncone, un viejo campesino calabrés, llega a casa de su hijo en Milán para someterse a una revisión médica. Allí descubre a Bruno, su nieto, y también a Hortensia, una mujer que llenará de luz los últimos días de su vida.

Esta es una conversación con ella:

Ella ofrece su mejilla como cuando él le llevó las rosas y él se quita el sombrero y la besa en las dos. Cuando se aleja, después de verla entrar, se lleva consigo una suavidad en los labios, un roce de cabellos en su frente, un sereno perfil en su memoria.

27 Marzo 2013

En tiempos difíciles, tendría que volver la solidaridad. Bancos de tiempos, trueques... Buscar soluciones globales a problemas particulares y como decía el Capità Enciam partir siempre de la premisa: "Los pequeños cambios son poderosos".
Me he encontrado con la historia y quería compartirla. Este tipo de cosas, pequeñas, ayudan a mejorarnos como personas. La idea la divulgó Luciano de Crescenzo en su libro: "Un caffè sospeso".

Existe una hermosa tradición en el barrio napolitano de la Salud. Cuando alguien se siente feliz por alguna razón, entra en un bar, pide un café y paga dos. El segundo lo deja pagado para otro cliente, es lo que se conoce como el 'caffè suspeso', el café pendiente. Después alguien, sin dinero para permitirse ni un café, llegaba al bar,  y preguntaba si habia algún café pendiente. Siempre lo había. Un pequeño y poderoso detalle de solidaridad.

31 Diciembre 2012

Todos los días pueden ser iguales. Te da la impresión de que en cada hora de cada día, cada semana de cada mes y en todos los del año, la luz se te escapa de entre las manos. Amanece nublado y el sol nunca acaba de desperezarse, ni un atisbo de luz con el que alegrar el corazón que late cada vez con menos intensidad.
Ha sido 2012 un tobogán de emociones, una espiral que cada vez complicaba más la situación, el ánimo y las ganas de salir adelante, hasta que en los últimos meses apareció el sol y empezamos a ver la vida en colores.
Y con todo ello hemos aprendido. Ahora podemos valorar mucho más a quienes tenemos al lado, puedes sentirte muy próximo, abrir los ojos y comprobar que al otro lado se encuentra aquella mirada que hasta hace poco estaba perdida.
Resulta complicado valorar lo que tienes hasta que no lo pierdes. Rotundo y cierto. Todo se puede complicar en un segundo y rehacer el camino te llevará tanto tiempo y tanto dolor, que a veces no estás seguro de tener el suficiente valor ni si el regreso es por la senda correcta.
Pero el final siempre vale la pena, porque creces con la adversidad y te haces más fuerte. Apostado junto a la ventana de la cocina de casa, recuerdo lo vivido y ahora me siento bien. Vuelvo a leer la frase escrita en esa pizarra que nos ha servido de inspiración durante estos últimos diez meses: "Al final todo sale bien y si no sale bien es que aún no es el final".
Es una máxima que nos sorprendió cuando vimos 'El exótico hotel Marigold' y nos la hemos quedado para siempre. Era un resquicio de esperanza y nos aferramos a ella, era un punto de partida y ahora sabemos que es una manera de entender la vida. Principio y final, el nuestro ha sido feliz y no voy a pensar en cómo hemos llegado hasta aquí, a pesar de haber vivido el año más duro de los que recuerdo.
El amable recepcionista del hotel Marigold recuerda a sus huéspedes que la vida es "como una ola" que te derriba si te resistes, pero si te zambulles en ella, siempre te lleva a otro lado. Contemplo la pizarra y me siento como él.
Albert Einstein nos recordaba que hay dos formas de ver la vida: "una es creer que no existen los milagros, la otra es creer que todo es un milagro". Y así es.
Durante la cena de Nochebuena, nos dimos cuenta de que todo lo habíamos hecho bien. Es una buena manera de acabar con todo y de empezar de nuevo.
Ahora imagino el futuro como una postal de Alessandro Baricco. Vas caminando cerca de la orilla y tus huellas, precisas y ordenadas, se sellan en la arena y al día siguiente sabes que no queda nada:

"El mar borra por la noche. La marea esconde. Es como si no hubiera pasado nunca nadie. Es como si no hubiéramos existido nunca. Si hay un lugar en el mundo en el que puedes pensar que no eres nada, ese lugar está aquí. Ya no es tierra, todavía no es mar. No es vida falsa, no es vida verdadera. Es tiempo. Tiempo que pasa. Y basta".

Y así quiero que sea a partir de mañana.

Antonia Font - S'alegria des Conill

La foto es mía, pertenece a esta galería de Flickr

23 Diciembre 2012


Contar buenas historias y escribirlas bien. Tan simple y tan complicado a la vez. Así es "La vida de un escritor", la autobiografía de Gay Talese, que en realidad es un compendio de reportajes que adornan los 60 años de su carrera profesional, vivida en la frontera entre el periodismo y la literatura, unos límites que se encuentran cada vez más alejados.
Hechos noticiosos como relatos breves. Escritura profunda y sin pausas, en las antípodas de donde nos encontramos en la actualidad. En un mundo de periodistas virtuales, que se asoman al mundo a través de las ventanas de 'twitter' o de qué les cuentan, Talese reivindica el papel del periodismo de calle, de la observación de la realidad. "Sin pisar la calle no te enteras de nada", recuerda el hijo de un humilde sastre italiano que llegó a lo más alto y fue una de las grandes figuras del New York Times, el New Yorker o el Esquire.
El secreto de Talese es que nos muestra el plato -el resultado final: la novela-, pero sobre todo cómo cocinarlo. Su vida es la de un país y el de una época, un salto hacia adelante y hacia atrás en el tiempo en un libro de estructura circular y cuyo nexo es la historia de una perdedora, una futbolista china que es la única que falla en la tanda de penaltis de la final de un Mundial.
La historia de su familia, sus primeras crónicas de béisbol en un diario local, la fascinación por los cuellos almidonados, los buenos trajes -herencia de su padre sastre que vestía a algunos de los mafiosos sicilianos de Nueva York-, o por un edificio maldito donde fracasan todos los restaurantes que allí se instalan.
Pero hay más. Ilustra la moral sexual de sus compatriotas a través del caso de Lorena Bobbit -una mujer que castró a su abusador marido- y analiza los derechos civiles por medio una manifestación en Alabama en los años sesenta.
Talese es el espejo en el que todos los periodistas querrían mirarse, un ejemplo de otro tiempo y de otro lugar, un maestro de un oficio que parece perdido y del que dentro de poco solo nos quedaran vagas referencias.

7 Febrero 2012

 

Desde siempre me han atraído las listas. Un día me gustaría escribir libros de listas. Y estoy seguro de que la lista de las cosas por las que merece la pena vivir es un ejercicio fundamental para recordar aquello de lo que estamos hechos.

En una parte de su último libro, 'Vente conmigo', Roberto Saviano introduce su lista de cosas imprescindibles. Momentos, sentimientos...:

 La mozarella de búfala de Aversa.

Bill Evans interpretando el 'Tema de amor' de Espartaco.

Ir con la persona a la que amas a la tumba de Rafael Sanzio y leerle la inscripción latina que muchos ignoran.

El gol de Maradona del 2-0 contra Inglaterra en el Mundial de México 86.

La Ilíada.

Bob Marley cantando Redemption Song escuchado con auriculares mientras paseas libremente.

Zambullirse en las profundidades, donde el mar es mar.

Soñar con volver a casa después de haberte visto obligado a estar fuera mucho, mucho tiempo.

Hacer el amor en una tarde de verano. En el sur.

Después de una jornada en la que se han recogido firmas contra tu persona, encender el ordenador y encontrar un e-mail de tu hermano que dice: 'Estoy orgulloso de ti'.

 

30 Agosto 2011

"En el verano de los juguetes muertos", Toni Hill ha creado una maravilla sólo al alcance de unos pocos. El mérito es cómo urde la historia, cómo te lleva hacia donde quiere, cómo te engaña una y otra vez y cómo resuelve las diferentes escenas creadas.
Nada de personajes atormentados, de frío nórdico ni de elementos únicamente salidos del lumpen, sino protagonistas cercanos. Una historia plena de calor y cercanía en la que ofrece un dibujo de la clase aristocrática barcelonesa y de las relaciones paterno-filiales, todo desde un prisma particular y aderezado con una serie de personajes que crean el clima necesario.
Contrario como he sido siempre a los 'best sellers', fanático como siempre me he considerado de la novela negra, Hill ha firmado una novela redonda que hasta deja la puerta abierta para una segunda entrega. Será, sino lo es ya, la revelación de la temporada, él y el protagonista: el inspector Héctor Salgado.
Eso sí, no apto para los que busquen florituras literarias. Mejor el fondo que la forma.

2 Marzo 2011

¿Y si una empresa dedicada al comercio electrónico se convierte en la gran editorial global?
Escribes y no pasas por el filtro de las editoriales. Pones a la venta tus libros en Amazon o en otra plataforma similar y los lectores, a cambio de una muy razonable cantidad (entre 3 y 5 dólares), pueden descargárselos y leerlas en un libro electrónico o, si te sientes más cómodo, y por un poco más en papel.
¿Una utopía? ¿El fin de las editoriales? ¿O serviría para resituar el negocio editorial y las relaciones contractuales entre los escritores y las editoriales lo cual redundaría en el precio final del libro?
Todo esto viene a raíz del pelotazo editorial que ha conseguido Amanda Hocking, una escritora estadounidense de 26 años, que vende más de 100.000 copias mensuales de sus novelas en Amazon. Ella ingresa el 70 por ciento del total, el resto es para la empresa de comercio electrónico. Haced cuentas, lo que ingresa la Hocking y lo que nos ahorraríamos nosotros.
La chica escribe novelas para "jóvenes urbanos" y "romances paranormales", en los que los vampiros son protagonistas. Vampiros, de otro tipo.

23 Febrero 2011

El Hospital de Objetos Rotos está situado en la Quinta Avenida, en Park Slope. Flanqueado por una lavandería automática y una tienda de ropa de tiempos pasados, es un pequeño establecimiento comercial dedicado a la reparación de objetos de una época a punto de desaparecer de la faz de la tierra: máquinas de escribir manuales, plumas estilográficas, relojes mecánicos, radios de válvulas, tocadiscos, juguetes de cuerda, máquinas de chicles de bola y teléfonos de disco.

Paul Auster (Sunset Park)


Una Olivetti Lettera y sus correspondientes tiras de tippex. Una pesada Montblanc, un Duward, una Emerson, el plato Vieta, el payaso que golpea el tambor, las esferas masticables de colores y el teléfono rojo del doctor Strangelove
.

Un universo imaginable de colores vivos. Sonidos inconfundibles, el tac-tac de las teclas, el irreproducible garabateo de la pluma, el rac-rac de la cuerda del reloj o el del payaso de hojalata, las bolas golpeándose entre sí en el interior de la pecera de cristal o el dedo arrastrando el disco telefónico.

Recuerdos. Eso es lo que ha venido a mi cabeza al evocar la estética del Hospital de los Objetos Rotos, el santuario de Bing Nathan, allí donde se pierde la memoria.

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