Viven cómodamente instalados en sus poltronas. No están acostumbrados a que nadie les pida responsabilidades. En realidad pertenecen, han pertenecido a la casta superior, son los que deciden las vidas de otros, abrigados en las prebendas de la banca y en la desidia de los electores que cada vez creen menos en ellos.
No están acostumbrados a que nadie les alce la voz, son intocables, están por encima del bien y del mal y no escuchan, no oyen las voces que les reclaman que bajen la mirada y comprueben que ese mundo en el que viven, no es real.
Son ellos los que han vivido siempre por encima de sus posibilidades. Muchos sin preparación, otros con el único aval de un carnet del partido, los políticos ahora reclaman respeto cuando en las puertas de sus casas los ciudadanos les piden responsabilidades.
Simplemente les están señalando por su nulo apego a la realidad y su lealtad al partido, no a los ciudadanos que les han votado. La Plataforma de Afectados por la Hipoteca se ha visto abocada a dar un nuevo giro de tuerca. Primero protegiendo a ciudadanos para que no fueran desahuciados, ahora presionando a los políticos que no están haciendo caso a la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) para modificar la ley hipotecaria y frenar el problema de los desahucios.
Y lo hacen a partir del 'escrache'. En Argentina, surgió de la mano de la asociación Hijos (Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio), formada por hijos de desaparecidos y víctimas de la dictadura argentina.
En Chile, el fenómeno se conoce como Funa, que nace como respuesta a las graves violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura militar y la impunidad impuesta mediante leyes hechas a la medida de los criminales y sus cómplices.






