Teje voluntades a su alrededor. Se asimila a una red de intercambio, a una fórmula moderna de trueque, pero en realidad Anna Tarrés ejerce de imán. Capaz de vivir a 10000 rpm, siempre he pensado que cuando te pide un favor, en realidad piensas que es ella el que te lo hace. Y así ha sido siempre desde que la conocí, antes del Mundial de 2003. Me introdujo en un deporte desconocido en el que se trabaja la técnica y el físico, pero que el resultado es más etéreo y toca el corazón, porque en el fondo ofrece emociones.
Y a mí después de muchos años, la sincronizada me emociona. Algo que soy incapaz de exteriorizar con otros deportes, en los que alabas la técnica o el sacrificio, pero no la emoción... De lo que hablaba es de la capacidad de Tarrés para ejercer de pegamento y la demostración quedó patente durante la presentación de su libro “Cuando ser la mejor no es suficiente”, que tiene un título desafortunado, en las antípodas de lo que su contenido es: un agradecimiento a todos aquellos que le han acompañado durante su viaje en el deporte de élite.
En aquel auditorio de la 'Casa del Libro' estaba el otro equipo de Anna. Desde una bailaora a su peluquero, desde la mujer que la cuidó de pequeña a una representación de les 'dones davantal', las veteranas del Kallípolis, expolíticos, su abogado, representantes de ONG, creativos publicitarios, del mundo de los negocios. En aquella sala, quien más y quien menos tuvo algo que ver con alguna de las historias que Tarrés creó para alguna de sus aventuras.
El libro, además del evidente oportunismo comercial, nace de la necesidad vital de ofrecer su versión de los hechos. Gloria y caída del imperio Tarrés. Es un buen ejercicio para entender cómo funciona el deporte -también el femenino- en España, cómo constatar las tramas que se pueden generar desde los despachos y de las envidias que lo contaminan todo, cómo buscar recursos para mejorar la preparación puede revertir en tu contra. Pero al final, todo es una burda historia con tintes políticos de la que no sacaremos nada en claro.
El perfil de Anna Tarrés es más de ejecutiva de una multinacional que de entrenadora dependiente de la voluntad de la directiva de turno. Crea la República Independiente de la Tarrés, un lugar desde donde puede contactar con Ágata Ruiz de la Prada para el diseño de unos bañadores, con los mejores especialistas en flamenco o en tango, o con una marca comercial para conseguir más recursos económicos. Pero se equivocó. Pensó que lo hacía por el bien del equipo y otros vieron que era una necesidad de protagonismo. El protagonismo de ella era inversamente proporcional al de los federativos, a eso se reduce el problema, por muchas vueltas que se le den al asunto.
Soy culpable de vivir la natación sincronizada como una pasión.
Soy culpable de luchar por los sueños, tanto individuales como colectivos. Los de todas y cada una de las chicas del equipo. Las del equipo técnico y los míos. Los de un país que descubre un día a través de la televisión que hay un grupo de nadadoras que los hace sentir orgullosos del deporte español. Un equipo que los hace soñar a todos.
Soy culpable si, persiguiendo esos sueños, esos objetivos, en algún momento he podido herir a alguien. Lo soy. Lo lamento. Y me disculpo por ello.
Soy culpable de saltarme ciertas normas burocráticas en busca de la excelencia. Pero la mediocridad y las ansias de poder de algunos no pueden y no deben coartar la búsqueda legítima de la excelencia. No es justo. Ni individual ni colectivamente. Y voy más allá de lo deportivo, porque esos comportamientos afectan a muchos ámbitos de nuestra socidad, Un periodista dijo de mí que soy un verso suelto con el que algunos federativos no han conseguido rimar. Quizás tenga razón.
¿Acaso soy culpable de ser una mujer que adopta roles masculinos en un mundo, el deportivo, regido por hombres?
Desde luego, soy culpable de actuar con justicia deportiva cuando selecciono solo a las mejores para el equipo nacional español. Y entre las mejores resulta que muchas son catalanas. ¿No defienden a nuestro país con pleno orgullo? Me consta que síi. ¿Me tienen que mirar mal también por eso?
No sé qué camino adoptará Anna Tarrés en el futuro. Ha vuelto a la casilla de salida, a entrenar en el CN Kallípolis, allí donde la quieren y la respetan. Es la entrenadora del equipo júnior. Seguro que en poco tiempo Claudia, Cristina, Laura, Marina, Sara, Marieta, Ari, Mar, Alanís, Emilia, Betra y Paula le darán alguna alegría.
Mientras tanto este verano la sincronizada volverá a emocionarme. Nuevo proyecto, viejas ilusiones. Suerte Esther.
La segunda parte del Informe Robinson dedicado a la sincro, aquí.




