De Estados Unidos se pueden poner muchas cosas en duda, pero es envidiable la escrupulosa lupa con la que miran a sus medios de comunicación. Se considera que los medios de comunicación son el mecanismo de control del poder establecido y, como tal, no basta con que sean honestos, sino que como la mujer del César, también tienen que parecerlo.
Después de una semana revuelta por la publicación en un periódico murciano de un artículo prácticamente calcado al aparecido en Psicofonía, me llama la atención la exquisitez con el que los medios estadounidenses miman la información. Os cuento: un amigo, que ha trabajado durante bastantes años para la NFL y la NBA, me explicó que es costumbre que los periódicos y las revistas estadounidenses comprueben las veces que haga falta la veracidad de los datos aparecidos en las informaciones. En lo referente al fútbol americano, había recibido llamadas telefónicas a horas intempestivas procedentes de Sports Illustrated para certificar los datos que sus redactores estrella habían incluido en un texto. Por ejemplo, si en un perfil se hablaba de las yardas que había cubierto Jerry Rice en una temporada o el número de pases de Joe Montana para touchdown, siempre había alguien que lo comprobaban, ellos son los becarios de Sports Illustrated quienes, por encargo, velaban por la pureza de los datos e, indirectamente, controlaban el trabajo de los periodistas estrella.
Entre ese mecanismo de control, que en España no se utiliza, y otros servicios de calidad interna, no es de extrañar que en los últimos años, el periodismo estadounidense ha estado plagado de casos de periodistas cazados en renuncios informativos. Uno de ellos fue Jayson Blair , aquel impostor del New York Times, quien con 27 años tuvo que abandonar el diario después de inventarse mil historias sentado en el ordenador de su casa. El caso de Tom Squitieri también resultó paradigmático, porque tuvo que dejar USA Today después de 16 años de experiencia en conflictos armados y tras recibir durante tres años los premios con los que la Casa Blanca otorga a la mejor labor periodística, por un problema con la atribución de fuentes, o el caso del director de deportes de una conocida agencia de noticias estadounidense, quien fue destituido fulminantemente de su puesto durante los Juegos Olímpicos de Seúl, porque su medio tardó más de la cuenta en dar la noticia más importante de aquellos Juegos, el positivo de Ben Johnson, el vencedor de los 100 metros.
Aquí todo eso nos suena a chino. El periodismo en España está en mantillas, es un reflejo de la sociedad y de un sistema democrático que todavía tiene que crecer mucho. Si el espejo de una sociedad es la imagen que dan sus gobernantes, entonces se entenderá porqué estos nunca dimiten, la razón es simple: se necesitan muchos becarios como los de Sport Illustrated para controlarnos a todos.