Leo en La Coctelera un post de Josep en el que habla sobre que sus progresos con el deporte son inversamente proporcionales a su disminución de peso y explica la razón.
El aumento de peso no es algo que me haya preocupado a lo largo de mi vida, de hecho hasta que no he superado la cuarentena no es algo que haya tenido especialmente en cuenta. Siempre con buenas dosis de ejercicio y un mínimo control alimenticio, he podido controlarme, pero el problema estriba cuando por cuestiones laborales tienes que dejar de lado el deporte.
Hace un mes decidí que debía rebajar peso y desde entonces he perdido 2,5 kilos. No me ha resultado traumático y, aunque parezca paradójico, mi ánimo ha mejorado. El secreto es lo que podíamos denominar como la dieta de las endorfinas, también llamadas hormonas de la felicidad y que son responsables de sensaciones placenteras. Me di cuenta de que cuanto más ejercicio hacía, mejor me sentía, no físicamente, sino también en el plano mental. Así que dejé de lado lecturas sobre "dietas milagrosas" como la de Barry Sears o la metabólica
y puse en práctica el sentido común. Unos cuantos kilómetros en bici, una mini sesión de pesas, unos cuantos abdominales, verduras, ensaladas y un mínimo de alcohol y de pan. Venga a reírse de Homer Simpson...
Por cierto buscando una imagen para ilustrar el comentario, he descubierto este libro sobre el asunto.