Después de la marcha de Sandro Rosell del Barça, en el seno del club azulgrana, todo lo que provenga de la marca del bumerán y no se luzca en una camiseta no está bien visto. Me comentan que colaboradores del ex vicepresidente o amistades de éste que trabajan en el club, abandonarán sus puestos el 30 de junio. El motivo oficial es la falta de confianza en estos empleados, aunque algunos de ellos han dado muestras de su eficacia desde diferentes puestos. El más conocido de todos ellos es Josep Colomer, director del fútbol base desde que Joan Laporta alcanzó la presidencia. Al parecer los trece títulos conseguidos esta temporada por la cantera barcelonista no han sido suficiente aval. La no continuidad de Pere Gratacós es justificable por la mala temporada del equipo filial, que ni siquiera se clasificó para la promoción de ascenso.
En el resto de departamentos, también se han producido bajas de empleados o ejecutivos ligados en el pasado a Rosell. Es el caso de Laura Alsina, quien llegó al Barcelona después de un tiempo en American Nike. Ocupaba un puesto en la dirección de relaciones institucionales barcelonistas. Otros dos empleados, como Juan José Castillo, integrado en el departamento de comunicación, pero más próximo a la oficina de atención al jugador, y Pep Costa, quien trabajó para Nike en Brasil y fue un contacto con la CBF, también abandonarán seguramente el Barcelona. Las malas lenguas hablan de que con la defenestración de Rosell, todo el poder será para Ferran Soriano, el brazo económico en el que se apoya Laporta, quien intentará colocar a personas afines en algunos departamentos del Barça para asegurarse el control absoluto de la situación.