Desamparados. Ese es el calificativo que se me ocurre después de recopilar las primeras informaciones sobre lo que está pasando en Londres. Nadie está a salvo de esos fanáticos que ya actuaron en Nueva York un 11-S, en Madrid un 11-M y ahora un 7-J en la capital inglesa. No hay ninguna duda sobre la autoría. Al-Qaeda ha enviado una carta al Der Spiegel alemán en la que se atribuye el atentado.
En la misma, Al-Qaeda insta la retirada de Afganistán e Irak y amenaza directamente a Dinamarca, Italia y otros "gobiernos cruzados" después de iniciar el texto de este modo: "Alegraos, comunidad de los musulmanes (..) Los heroicos muyahidines han perpetrado hoy un ataque en Londres (..) Hemos advertido repetidamente al Gobierno británico y al pueblo británico (..) Hemos cumplido lo prometido y llevado a cabo una operación militar bendita"
Aprovechando la reunión del G8 en Gleneagles (Escocia) y el gran despliegue policial al norte de la 'City', el terreno estaba despejado para los asesinos, que no han dudado en aprovechar la circunstancia y amplificar su sangriento mensaje un día después de que Londres hubiera conseguido la organización de los Juegos del 2012.
Desde Italia, se habla de más de una cincuentena de muertos. La CNN asegura que al menos diez se han producido en la estación de King Cross. De nuevo la misma historia, otra vez el dolor en los rostros y el desespero en los corazones. Una pregunta macabra me ronda en la cabeza: ¿Dónde será el próximo ataque?