
Se acabó el Mundial de Natación y me voy con la música a otra parte, de vuelta a casa, que ya toca. Ha sido una buena experiencia. Disfruté la primera semana con los éxitos de las chicas españolas de natación sincronizada y el oro de David Meca, tanto como sufrí en la segunda con la actuación del equipo de natación.
En la convivencia de estos días, conoces las miserias de deporte. Las diferencias entre algún federativo (Lluís Bestit) y algún técnico (Joan Fortuny), la nula mano izquierda del presidente de la RFEN, Juan Ignacio Konnickx, quien tachó de mediocres a los nadadores, después dijo que no lo había dicho, y al final anunció "cortes de cabeza" en septiembre.
También resulta sorprende que el director general de Deportes del CSD, Rafael Blanco, que fue presidente de la natación española durante diez años se haya descolgado con unas declaraciones en las que pide "una reeestructuración" de la natación española. Lo pide ahora, porque en una década no ha podido.
Y al fondo a la derecha, los nadadores. Los que tenían que ser el eje central de esta trama son tratados como presuntos culpables. Unos les llaman mediocres, otros hablan de sus fracasos, cuando son los que están seis horas diarias entrenándonse cuando muchos podrían ganarse la vida en la pasarela con menos esfuerzo y más rendimiento económico.
En los próximos días se producirá el anuncio de que la Federación ya no cuenta con Fortuny, el entrenador de Erika Villaecija, el buque insignia del equipo, y la catalana se irá a entrenar a Italia. El director técnico de la Federación, Carles Subirana, dejará el despacho para ponerse crono en mano al pie de la piscina y el ambiente se enrarecerá todavía más porque todos coincidirán en el Campeonato de España de Verano que se disputará en Calella (Barcelona).
En general, el Mundial ha servido para demostrar que Phelps, que ganó cinco medallas de oro (tres en relevos), se tomó la competición como una manera de probar nuevas cosas. El australiano Grant Hackett y el sudafricano Roland Schoeman han estado a mejor nivel que el de Baltimore.
Ahora sí, me voy de vacaciones, pero el blog no parará....



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