Ya estamos en casa. La vuelta se nos hizo eterna, casi 30 horas de viaje gracias a la ineptitud de Air Madrid, esa cutre-compañía aérea en la que no nos verán nunca más. ¡Y es que no se pueden hacer peor las cosas! Imaginad que tenéis que emprender un viaje desde Madrid hasta Centroamérica y tienes que cerrar los vuelos para los enlaces desde Barcelona con antelación. Eso hicimos. El problema llega cuando Air Madrid cambia los horarios de los vuelos Madrid-San José y después San José-Panamá-Madrid con pocos días de antelación. Ya nos advirtieron, además de malos modos, que ellos no se iban a hacer cargo de nada. Perfecto. Ahí no acaba todo. El avión desde San José debía salir a las 22.00 horas y salió a las 23.40. Tenía que hacer escala en Panamá para salir a las 00.00 horas, pero hasta la 3.30 no hubo nada que hacer. Como la vuelta estaba prevista para las 18.00 (en Madrid) compramos unos billetes para los 20,30, pero no llegamos a tiempo. El mostrador de Air Madrid estaba colapsado por las reclamaciones y la “diligente” administrativa tenía muy aprendida la canción: “No nos hacemos cargo de nada. Lean el apartado nueve en su billete. Si quieren hojas de reclamaciones, se las proporciono”. Mal empieza una compañía aérea que además desea expansionarse (ya han anunciado vuelos desde Barcelona) con este trato y que en su primer año de existencia tiene estos problemas.
El primer ejercicio lo ha saldado con seis millones de euros de pérdidas, no está nada mal para el servicio que ofrecen. Por cierto, la broma nos salió a casi 600 euros, que es lo que tuvimos que pagar por cuatro billetes de puente aéreo con Iberia. Ese era el precio para el último vuelo del viernes, o pagabas o nos quedábamos en Madrid.
Por lo demás, todo fue perfecto. Costa Rica es un paraíso.