
Es la primera vez que me ha pasado y no sé cómo interpretarlo. Otros años, la última semana antes de reincorporarme al trabajo, ya estaba con las mariposas en el estómago, pensando en la vuelta, pero este año ha sido diferente. Igual ha sido por la intensa actividad vacacional o por el vertiginoso ritmo que habíamos tenido en la redacción desde noviembre hasta junio, pero yo no hubiera vuelto.
Además, en otras ocasiones a los dos días, prácticamente a las pocas horas de estar en el trabajo, parecía que habían pasado semanas o incluso meses desde que habían concluido las vacaciones, pero tampoco ha sido esta vez el caso.
¿Qué ha pasado? Me lo he pasado a lo grande, he podido disfrutar de las niñas, con las que durante todo el curso apenas puedo por el ritmo frenético del día a día, y he desconetacto absolutamente. He podido leer, ir en bici, ir a correr, disfrutar de los amigos, tomar el sol y holgazanear mucho. Las pilas están muy cargadas, tanto que cuando volví no estaba especialmente motivado.
Es curioso estás mucho tiempo luchando por algo y cuando lo tienes parece que necesites nuevos retos. Seguró que me reharé. Pensaré en lo divertido que es el trabajo, en la cantidad de gente que conoces y en los nuevos retos que se presentarán con vistas al futuro, pero de momento, mi mente está lejos, muy lejos, seguramente cerca de Bonny.



25 sep 2005 | 11:38 PM
Voy a hacer de malo: Vaya rollo, todos los días lo mismo, los mismos compañeros, los mismos temas, las mismas fuentes. Muchos años en esto, con un horario asqueroso, sin vida y la poca de que dispones de poca calidad. Enfrascado en el trabajo parece que han pasado un montón de días al poco de llegar, como bien dices, y no tienes ningún hueco para montar en bici, salir a correr o simplemente leer una página de ese libro que tantos ansías terminar. Apenas puedes dedicarles tiempo a tus hijos, apenas tienes tiempo nada más que para tu gran trabajo, ése que todo el mundo desde fuera te dice: "qué interesante", sin saber de lo que habla, ése que la gente ni se imagina, ese oficio que cada vuelta de vacaciones te lo planteas con nuevos impulsos y que a las pocas fechas te das cuenta, que tu no puedes cambiar el sistema. Eso sentía yo, y fíjate ahora incluso añoro involucrarme en ese rollo, pero a los dos minutos lo medito y digo: ¡qué hostias! No volvería a hacerlo. Así es. Parece mentira. Han pasado dos años y no me arrepiento, aún a pesar de estar con el agua al cuello. Volvería pero en otras circunstancias y condiciones, prácticamente inviables hoy en día.
26 sep 2005 | 10:29 AM
Todo pasaría por racionalizar los horarios, algo que se pone en práctica en la Europa "civilizada", pero aquí parece que no va a llegar nunca. ¿Alguién ha pensado sobre la inconveniencia de que un partido de fútbol empiece a las 10 de la noche de un sábado?
En Italia, tan cerca y tan lejos, la mayoría de partidos (hablo de fútbol) ya se han disputado a la hora del almuerzo y sólo queda uno para última hora. Aquí lo hacemos todo al revés.
De todos modos, mi proceso es de despresurización. Pienso rápidamente en lo "guay" que es todo, en lo "privilegiado" que soy y a esperar que pase el chaparrón. Siempre ha sido así
26 sep 2005 | 10:39 AM
Es verdad, has dado en la clave. Todo pasa por la racionalización de los horarios. ¿Pero quién se encarga de que se racionalicen? ¿Los designados para ello lo hacen? ¿Los que tienen que reclamarlo lo reclaman? ¿Y los que apoyan a los que tienen que reclamarlo se esconden? Por último, ¿y la inspección? ¿funciona? ¿Tiene medios? Antes hay otros fuegos que apagar, más graves, según parece.