Es la primera vez que me ha pasado y no sé cómo interpretarlo. Otros años, la última semana antes de reincorporarme al trabajo, ya estaba con las mariposas en el estómago, pensando en la vuelta, pero este año ha sido diferente. Igual ha sido por la intensa actividad vacacional o por el vertiginoso ritmo que habíamos tenido en la redacción desde noviembre hasta junio, pero yo no hubiera vuelto.
Además, en otras ocasiones a los dos días, prácticamente a las pocas horas de estar en el trabajo, parecía que habían pasado semanas o incluso meses desde que habían concluido las vacaciones, pero tampoco ha sido esta vez el caso.
¿Qué ha pasado? Me lo he pasado a lo grande, he podido disfrutar de las niñas, con las que durante todo el curso apenas puedo por el ritmo frenético del día a día, y he desconetacto absolutamente. He podido leer, ir en bici, ir a correr, disfrutar de los amigos, tomar el sol y holgazanear mucho. Las pilas están muy cargadas, tanto que cuando volví no estaba especialmente motivado.
Es curioso estás mucho tiempo luchando por algo y cuando lo tienes parece que necesites nuevos retos. Seguró que me reharé. Pensaré en lo divertido que es el trabajo, en la cantidad de gente que conoces y en los nuevos retos que se presentarán con vistas al futuro, pero de momento, mi mente está lejos, muy lejos, seguramente cerca de Bonny.