Leo en El País Semanal un artículo de Javier Marías titulado "Profesores desesperados". ¿Cómo no lo van a estar con lo que tienen que soportar día a día?. A la desidia general de los estudiantes, seguramente motivada por la socialización de la enseñanza que promovió en su día el PSOE y que parte de la equivocada premisa de "la igualdad de oportunidades", hay que añadir el problema de la mala educación de los alumnos, sobreprotegidos por unos progenitores que en la mayoría de los casos no saben de "la misa la media".
Me cuentan que el principal inconveniente de la reforma educativa radica en lo que genéricamente se ha denominado "convivir con la diversidad en el aula". En la clase existen diferentes niveles intelectuales y de motivación: los que quieren continuar los estudios, los que no y están deseando cumplir los 16 años para irse, que denominaremos 'alumnos parking', y los que aunque quieren continuar estudiando, su mente no da para más.
A estos últimos, además, les han estado "engañando" con las notas que se han ido inflando año a año, en los que han ido pasando de curso sin tener los mínimos exigidos, pero claro no se puede atentar contra "la igualdad de oportunidades" que propugna la LOE de los camaradas socialistas.
El cóctel se contempla con el problema del goteo de nuevos alumnos extranjeros que se incorporan al curso sin conocer, en la mayoría de los casos, el idioma en el que se dan las clases y, en otras, ni el país ni la realidad social que les toca vivir.
Los alumnos verdaderamente problemáticos son los "parking". Obligados cada día a asistir a clase sin tener ganas "absolutamente de nada". No les interesa nada, no participan en clase, no trabajan, no tienen motivación alguna y, además, interfieren en el normal funcionamiento del aula. "Seis horas así son muy aburridas y como no tienen otra cosa que hacer, molestan", asegura una profesora amiga.
Contra esto, los profesores están desarmados. "Si no quieren hacer nada, ¿qué puedes hacer? Les puedes echar un día de clase, pero no cada día y puedes dar gracias de que no te contesten mal o te maltraten psicológicamente", dice.
"¿Y si se denuncia esta situación ante los padres?", preguntó. Entonces, me dicen que hay dos tipos de padres: los que son partícipes de tu desgracia: "Yo tampoco sé que hacer con él/ella"; y los que son del mismo estilo que los hijos: "O no los localizas nunca o te dicen que ya se pasarán un día para hablar o los que cuestionan lo que les dices, estos últimos son los peores, porque además casi te obligan a indisponerte con ellos".
"¿Cuál es la solución a todo esto", insisto. "La solución es compleja. Estos niños necesitan 'palos' desde siempre. Tienen padres que les han consentido todo, niños que nunca han escuchado la palabra 'no' y que viven en una burbuja de sobreprotección. Además, un sistema educativo que les permitía pasar de curso sin aprobar nada, ha contribuido a incrementar el problema", me asegura mi interlocutora.
Los adolescentes sólo pueden acceder a los módulos profesionales (lo que sería la antigua Formación Profesional) con 16 años y el título de Graduado en ESO en el bolsillo. ¿No sería mejor para todos, que los alumnos 'párking' empezaran su formación profesional con 14 años y que el resto de alumnos hicieran un prebachillerato para llegar mejor preparados? Todo esto significaría un pellizco muy grande a las arcas de la Administración y es más fácil "el café para todos", que es la política de este país, en todos los sentidos, desde 1978.