Alejandro Echevarría ya no es directivo del Barcelona. Horas después de que su cuñado, Joan Laporta, le ratificara en el cargo; el presidente barcelonista se ha tenido que rendir a la evidencia. Las concluyentes pruebas mostradas por el ex directivo Luis de Val en las que no dejaba dudas sobre la pertenencia de Echevarría a la Fundación Nacional Francisco Franco han sido determinantes.
Este asunto dejará muy tocado a Laporta, que ha tirado por tierra todo el buen trabajo realizado hasta la fecha y se someterá el próximo sábado al veredicto que los aficionados emitan en el Camp Nou con motivo del encuentro ante Osasuna.
Laporta ha justificado lo injustificable y su credibilidad está en entredicho. La política de comunicación del club, de nuevo por los suelos. Después de fijar la postura del club en una rueda de prensa al mediodía, a medianoche el presidente del Barca apareció en un programa informativo de TV3 para anunciar que había aceptado la nueva renuncia que le había presentado Echevarría. Inenarrable, parecía que habíamos retrocedido en el tiempo a la presidencia de Joan Gaspart, cuando era habitual convocar las ruedas de prensa de madrugada.
En esas doce horas, los sondeos de las emisoras de radio, las tertulias y la opinión mayoritaria de los medios de comunicación y de los socios hicieron ver a Laporta que se había metido en un cenagal con su cuñado y que era preciso buscar una salida.
Echevarría es el sexto directivo que abandona el barco, aunque el primero de la cuerda del presidente. Los anteriores fueron Jordi Monés, Sandro Rosell, Josep Maria Bartomeu, Jordi Moix y Xavier Faus.
En los corrillos formados tras la rueda de prensa de este mediodía en el Camp Nou, algunos colegas apuntábamos que con el discurso diseñado por Laporta este iba a ser el principio de su fin. Yo me apunto a la tesis, porque de aquel líder ilusionante que llevó la bandera de la renovación, de aquel abogado que destilaba transparencia por los cuatro costados desde "Elefant Blau", apenas queda nada.