Un artículo en la edición internacional del New York Times de hace unos días me dejó helado, bueno más que helado... acojonado. Se titula: "Pasar demasiado tiempo sobre la bicicleta puede causar impotencia" y se refería a una serie de nuevos estudios en los que se recalcan que "los ciclistas, en especial los hombres, deberían tener cuidado con los sillones que usan".
Suelo ir en bici a menudo, últimamente menos, y me ha llamado la atención este texto que me ha pasado mi amigo Rafalito.
Los estudios han aparecido publicados en el Journal of Sexual Medicine del pasado septiembre y confirman que el aumento de la disfunción eréctil entre ciclistas se debe al uso del sillón estrecho estándar, por lo que es necesario utilizar diseños alternativos que eliminan estos problemas.
El sillín estandar, también denominado de nariz larga, se ajusta entre los huesos de la pélvis usados para sentarse. El peso del ciclista recae sobre el perineo, comprimiendo los nervios y los vasos sanguíneos. La reducción del flujo sanguíneo acaba siendo permanente.
El silín recomendable es el ancho, que proporciona una mayor zona de asiento. El peso del ciclista recae sobre la parte baja de la pelvis, el coxis, aliviando la presión de nervios y vasos sanguíneos.
Bueno, uno que pensaba que practicar ciclismo era una buena manera de mantenerse en forma pasada una edad y ahora que salgan con éstas. Por cierto, en el texto hay una frase demoledora: "Sólo existen dos clases de ciclistas varones: los que son impotentes y los que lo serán".
Y después Euse me pregunta por qué no salgo los domingos en bici. Pues por eso rey, por eso.

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