Se nos ha ido. La vida se le iba escapando por entre los dedos, pero no queríamos creerlo. Al final, en silencio se ha despedido y nos ha dejado con el dolor en el corazón y las lágrimas como compañeras. Luchó hasta el fin, fue fiel consigo mismo y tuvo una entereza encomiable, esa que distingue a unos pocos. Se ha ido y nos ha dejado con muchos recuerdos, con imágenes indelebles de su vitalidad, con esa sonrisa de pillo mientras disfrutaba en el bosque o en el mar, siempre sonriendo... Esa será la imagen que nos quedaremos de él: la de un niño grande disfrutando de la vida, esa que hoy se ha apagado con tan sólo 38 años. Te queremos amigo, nos has dejado una parte de ti y te has llevado un trozo de nuestras vidas para siempre. Siempre te recordaremos.