Se les ve nerviositos. Muchos miran el reloj, otros se tocan los bolsillos comprobando si tienen la mercancía a buen recaudo. Es el primer día sin humos en la redacción y se nota. Se respira mejor y seguro que al llegar a casa, la ropa no olerá como si hubiera estado en un bar musical, en lugar de en mi puesto de trabajo.
Se acabó lo de salir al pasillo a echarse un pitillo. Ahora hay que bajar hasta la calle y hoy, en Barcelona, la lluvia y el frío no invitan a ello. Comentan que al margen de la adicción, todos tienen una gran dependencia psicológica. Algunos buscan soluciones: o pastillas Zyntabac (unos 85 euros) o parches (98 euros), pero es complicado.
En la televisión autonómica catalana han emitido un curioso reportaje en el telenoticies del mediodía sobre si los universitarios respetan la prohibición en los bares de las facultades y, evidentemente, no lo hacían. Buena parte de ellos fumaban en el bar y algunos de los entrevistados se referían a que un bar de facultad sin el humo de los pitillos, no era lo mismo.
Eso también debió pensar un vecino de Gandía, que fue detenido en Castejón (Navarra) y multado con 240 euros por desobedecer las indicaciones de la Policía sobre la ley antitabaco.
El personaje se encontraba en un establecimiento de hostelería fumando en una zona expresamente prohibida. Una patrulla de la Policía Foral, que se encontraba en el local, observó los hechos y le invitaron a trasladarse a un lugar a escasos metros habilitado para fumadores, pero se negó repetidamente, incluso también a apagar el cigarrillo.
Total, que al final la cosa se complicó. El fumador compulsivo se negó a identificarse, después tampoco quiso acompañar a los policías a la comisaría y fue detenido. Ya se ha celebrado un juicio rápido, rapidísimo en este caso, y ha tenido que pagar 240 euros por un delito de desobediencia a los agentes.