Romario está de moda. Ha cumplido 40 años y celebra su gol 950. 'O Baixinho' es uno de los mejores jugadores que he visto. Estuve el día que debutó con el Barcelona en el Camp Nou ante la Real Sociedad. Marcó los tres goles del equipo de Cruyff y demostró de lo que es capaz. Tan genial en el campo como "particular" fuera de él (no conocía a compañeros con los que compartía vestuario), Romario regaló a los culés jugadas que se quedarán para la memoria, como aquella "cola de vaca" sobre Alkorta en un 5-0 ante el Real Madrid.
Con 40 años, Romario persigue retirarse marcando, al menos, mil goles y en ello está él y su club, el Vasco de Gama, que está programando partidos amistoso hasta con equipos de segundo nivel para que su delantero logre su proeza.
A pesar del gran número de goles marcados, el delantero no es el máximo goleador de la historia del fútbol. Leyendo el libro de Eduardo Galeano "El fútbol a sol y sombra", he descubierto al delantero Arthur Friedenreich, quien marcó 1.329 goles y es el máximo goleador de la historia del fútbol.
Galeano habla de Friedenreich: "Hijo de un alemán y una lavandera negra, jugó en primera división durante 26 años y nunca cobró ni un centavo. Nadie hizo más goles que él en la historia del fútbol. Metió más goles que el otro gran artillero, Pelé, también brasileño".
Asegura que Friedenreich "llevó al solemne estadio de los blancos la irreverencia de los muchachos de color café que gozaban disputando una pelota de trapo en los suburbios" con lo que "así nació un estilo, abierto a la fantasía, que prefiere el papel a la fantasía".
Sentencia Galeano que "desde Friedenreich en adelante, el fútbol que es de veras brasileño no tiene ángulos rectos, como tampoco los tienen las montañas de Río de Janeiro ni los edificios de Oscar Niemeyer".
Pelé marcó 1.279 goles en 1.363 partidos y se retiró con 36 años. El escritor uruguayo define con belleza el juego de 'O rei'. "Cuando Pelé iba a la carrera , pasaba a través de los rivales, como un cuchillo. Cuando se detenía, los rivales se perdían en los laberintos que sus piernas dibujaban. Cuando saltaba, subía en el aire como si el aire fuera una escalera. Cuando ejecutaba un tiro libre, los rivales que formaban la barrera querían ponerse al revés, de cara a la meta, para no perderse el golazo".