Echarle la culpa al árbitro es de mal perdedor. Me lo enseñaron de pequeño cuando empecé a jugar a baloncesto, y al principio me lo creí. Me sirvió, en la cándida inocencia de la infancia, para respetarlos durante muchos años, pero después de haber conocido a unos cuantos, del deporte de la canasta y también de este juego de las porterías grandes, afirmo que muchos de ellos tienen un problema de inferioridad y que superan sus frustraciones perjudicando a terceros.
Después de ver el arbitraje de Julián Rodríguez Santiago en el Barça-Zaragoza de Copa tengo que pensar que este hombre no da más de sí. Se puede entender una equivocación en un momento puntual, pero es difícil que no dé ni una. En la típica-tópica nota de relleno en la prensa deportiva barcelonesa en la víspera del encuentro se recordaba que el Barcelona no ha ganado ni uno de los tres partidos coperos (Orense, Levante y Novelda) que le había pitado este árbitro. Hoy rompió la estadística, el Barca ganó, pero cayó eliminado.
Salió dispuesto a erigirse en el acaparador de las portadas del partido y lo consiguió. Expulsó a Ronaldinho porque quiso, mientras a los defensas del Zaragoza se cansó en advertirles antes de amonestarlos. Lo hizo tantas veces, que a Gabi Milito le enseñó la primera tarjeta a la tercera que lo merecía, a Ponzio le perdono la segunda amarilla en una clamorosa entrada sobre Deco y después tuvo la desfachatez de acabar el partido 30 segundos antes del final, no fuera que el equipo al que había dejado con diez y que acababa de marcar el 2-1 le chafara la guitarra y le echara de las portadas.
El problema es que el fútbol de los millones no utiliza la tecnología y mientras eso no ocurra, Rodríguez Santiago, que es abogado de profesión, seguirá cometiendo tropelías. Advierto no es la primera ni la última que vez que se carga un partido, lo hizo en el Espanyol-Real Madrid de esta temporada (pitó antes del gol de Jarque y después dijo que no lo había hecho) y en un partido de la Copa de la UEFA Marsella-Dinamo de Bucarest. ¿Sabéis qué hizo? Pitó el final del partido mientras un delantero rumano remataba a puerta. La pelota entró y los rumanos celebraban el tanto que les daba el pase a la siguiente eliminatoria hasta que se dieron cuenta de que Rodríguez Santiago les advirtió de que no valía, porque había pitado una décima antes el final del partido.