Un artículo publicado por Miguel Gutiérrez, en Notas de fútbol, ha dado en la diana. Dice así: "No nos inmutamos cuando 30.000 personas a coro llaman 'hijo de puta' a un futbolista rival. En cambio, nos rasgamos las vestiduras cuando un grupo infinitamente menor grita 'Uh, uh, uh'".
Coincido con él, no se trata de racistas, son cortos de mente, imbéciles que se transforman en medio de la grada, perdidos en el anonimato, escondidos entre miles, la cobardía del "como-yo-había-muchos", personajes que al día siguiente se quedan más tranquilos cuando leen unas declaraciones del entrenador de turno (Víctor Muñoz) en las justifica la acción al afirmar que "eso también ocurre en otros campos".
Todo viene a cuento de lo ocurrido el pasado sábado en La Romareda, algo que pasó la pasada temporada en el mismo escenario, en Getafe este mismo curso, en el Bernabeu, en Montjuic o en el Nou Camp.
Después de muchos años asistiendo a "espectáculos deportivos", creo que es tan ofensivo insultar a Roberto Carlos -"Chimpancé" le han llamado repetidamente en el Nou Camp-, como cuando hace unos años a los jugadores llegados de Sudamérica se les llamaba "indios" o "sudacas".
A los árbitros los estadios les corean el "Hijo de puta", a los entrenadores rivales se les escupe, se apedrean los autocares de los equipos contrarios y no es extraño que se propinen palizas en las mismas gradas a aficionados del otro equipo.
¿Qué ocurriría si al primer insulto el árbitro decidiera abandonar el partido? ¿No estaría en su derecho? Eto'o, con todos sus defectos y esa fijación que tiene por los colores, ha actuado como lo tenía que hacer y particularmente invitaría a todos los jugadores: blancos, negros o mestizos; del Madrid o del Barca, a los entrenadores y también a los árbitros a denunciar este tipo de cuestiones. Igual entonces alguien toma cartas en el asunto y se acaba, no con el racismo en el fútbol, sino con la incultura en el deporte.
PD: Hoy mismo, el presidente del Barcelona, Joan Laporta, ha calificado la actitud de Eto'o como "humana, digna y responsable" y ha recordado que cuenta con todo el apoyo del club.
"El jugador tuvo la reacción propia de una persona que ve agredida su dignidad", ha justificado Joan Laporta, que ha asegurado que "los comportamientos racistas no se deben tolerar".