Se veía venir. Salvados por la campana (una genialidad de Messi) en Bremen, en Londres las cosas todavía podían haber ido peor. Ahora se dirá que el partido ha sido muy igualado, resuelto con una genialidad de Drogba, pero no hay que engañarse. De una temporada a otra, la diferencia es abismal. No hay ni rastro de Ronaldinho, no se fue ni una sola vez de Alves en el partido ante el Sevilla, ni una vez hoy ha podido zafarse de Boulahrouz, un correcto marcador, nada del otro jueves. Le falta chispa al brasileño. Se hablará de que está en la fase de entrenamientos de potenciación y que por eso le falta esa punta de velocidad, ese cambio de ritmo que le convierte en mortal. Si Rijkaard pudiera, que no puede, le daría descanso al brasileño por unos días, tendría que decirle: Píllate unos días de fiesta y desaparece. Al Barça le falta ritmo. Hoy se ha dejado ver durante unos minutos (del 30 al 45), pero el dominio ha sido del Chelsea, más por empuje que por otra cosa. Con el partido ante el Real Madrid a la vuelta de la esquina, el Barcelona haría bien en realizar un ejercicio de introspección y evaluar por qué no es el que era. En líneas generales, al equipo le falta chispa. Salvo Iniesta y puntualmente Messi, las genialidades no abundan. La defensa está correcta, pero sin alardes. En la posición de medio centro defensivo, hay muchas dudas. Juega Xavi con Deco, cuando Iniesta está mejor y Eto'o está fuera de combate. La ventaja del Barcelona es que queda mucho por delante, meses para la mejora, pero en Europa no se puede permitir ni un error más.

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