A lo práctico, con efectividad, no hace falta jugar al fútbol, un par de pelotazos arriba, dos goles y parece que tienes el mundo a tus pies. El Madrid de Capello me recuerda a la intrahistoria del Barça, ese equipo que lo daba todo contra el eterno rival, pero que después, a falta de plan, podía fallar ante cualquier rival.
¿Fue mejor el Madrid hoy? Marcó dos goles, el Barça ninguno. ¿Jugó mejor el Madrid? Para nada, pero eso no parece importar.
La alineación de Frank Rijkaard con tres peloteros en la medular me ha encantado, el equipo ha tenido el balón, ha jugado, ha creado opciones, pero como pasó en Londres ha vuelto a perder. Le ha faltado remate, de nuevo se volverá a hablar de la ausencia de Samuel Eto'o, una punta de suerte, pero también concentración, especialmente en el primer gol. Si encajas un tanto en el minuto 2, algo falla. Me ha sorprendido el error de Thuram en esa acción puntual, un error de concentración fatal.
La grandeza del fútbol es que desde esos sectores periodísticos de rancio madridismo nadie hablará, o si se hace será tangencialmente, del error del árbitro al no expulsar a Emerson (m.41) en una jugada que no admite discusión. ¿Alguien se imagina un 2-0 a favor del Barça y que Deco hubiera sido el protagonista de la acción? ¿Cuál sería el titular del histriónico Guasch?
No estuvo bien colocado el equipo. Sufrió en los primeros minutos con las jugadas entre líneas de Raúl, que pudo marcar el 2-0 con un remate al palo, pero a partir del minuto 20 el fútbol lo puso el Barça. Cierto que ni Deco, ni Ronaldinho, ni Gudjohnsen, tampoco Zambrotta ni puntualmente Thuram estuvieron acertados. Ni Rijkaard estuvo lucido en los cambios, algo que admitió después en la rueda de prensa. Veo al equipo mal físicamente, pero no es algo preocupante, salvo que mentalmente pueda afectarles haber perdido dos partidos en en apenas cuatro días.
Esta semana con dos encuentros ante el Badalona (miércoles en Copa) y el Recreativo (el sábado), el Barcelona tendrá un gran respiro, tiempo de recuperación.