Asesores hay de muchos tipos. He conocido a un buen número de ellos, de esos hablaré, de los que se dedican o se han dedicado a asesorar a presidentes de clubes de fútbol. La necesidad de contar con ellos está directamente relacionado con la creación de una imagen más amable para vender a la opinión pública y en muchos casos son los encargados de elaborar el contenido de ciertos mensajes, en ciertos momentos.
Josep Lluís Núñez se rodeó durante un buen tiempo de Josep Maria Gené como asesor. Él era quien articulaba las estrategias comunicativas del presidente del Barcelona y contaba con un experto consultor, Pere-Oriol Costa, antiguo subdirector del desaparecido TeleeXprés, catedrático de Comunicación y destacado consultor en comunicación política, corporativa y electoral.
Durante unos años, el ascendiente de Gené sobre Núñez era tal, que el asesor era capaz de corregir sobre la marcha las declaraciones del presidente del Barcelona si consideraba que no se ajustaba a lo previsto en el guión. Se acomodaba en el sofá, al fondo del despacho de la calle Urgell, se desanudaba la corbata e invitaba a detener la grabadora repetidamente: "Bueno, exactamente no es eso lo que quería decir el president..."
Del discurso "más político" se encargaba Pere-Oriol Costa. En la última etapa, otro veterano periodista, Doménec García, era el encargado de "gestionar" el discurso, aunque desde otra perspectiva. Un papel totalmente diferente era el que desempeñaba Ricard Maxenchs, que ejerció más de asistente que de consultor de Núñez. Fue una figura que marcó una época en Can Barca y que tuvo que abandonar el cargo con la llegada de Joan Laporta para irse a Abertis junto a Salvador Alemany, el hombre del baloncesto.
Maxenchs, uno de los personajes que más conoce el alcantarillado del barcelonismo, está hoy alejado de los focos de la prensa deportiva, ya que ocupa el cargo de director de Relaciones Institucionales y Calidad en Abertis. El gran 'best seller' para los 'culés' sería el escrito por Maxenchs sobre su paso (23 años) en el Barça.
En la época oscura de Joan Gaspart, el director de comunicación era Lluis Hernández, fichado procedente de la SEPI y que pronto fue conocido como "el hombre que nunca se ponía al teléfono". Pasó sin pena ni gloria, un personaje gris al que el cargo le venía inmensamente grande, a veces tanto como esas americanas que tanto deslucía.
En la era Laporta, Jordi Badia es el hombre que dirige el megadepartamento de comunicación. Como hombre muy próximo a los medios, Laporta tenía contacto con muchos periodistas y eligió a Badia, subdirector del diario Avui, a pesar de las reticencias de Sandro Rosell, quien puso en duda la eficiencia del nuevo DIRCOM barcelonista en cuanto supo que no sabía ni hablar inglés.
Badia gestiona las entrevistas con el presidente del Barça -últimamente el president sólo aparece en la prensa internacional-, articula la política de comunicación, pero difícilmente la puede gestionar con los intereses creados.
Últimamente Badia se ha postulado como portavoz de la junta directiva, una tarea que desempeña en la actualidad el secretario de la misma, Xavier Cambra, un personaje poco válido para el cargo, ya que en multitud de ocasiones es incapaz de ofrecer la versión oficial de los diferentes asuntos sobre los que se le cuestionan.
En el Espanyol, he conocido a Juan Segura Palomares, que estuvo al frente del gabinete de comunicación del club entre 1981 y 1995. No era un asesor al uso, sabía moverse bien entre bambalinas, pero como tampoco existía la figura del jefe de prensa del primer equipo, difícilmente estaba al tanto de la actualidad de la plantilla.
En ocasiones parecía interesarle más lo concerniente a la tauromaquia que al fútbol, pero a Segura Palomares le señalan como uno de los primeros periodistas que ejerció su profesión en un club de fútbol.
Después de él, llegó con un perfil totalmente diferente. Rafa Ramos, procedente de Mundo Deportivo. Periodista del día a día, de entrenamientos y guardias, su trabajo fue más profesional, pero no daba a basto, ya que viajaba con el primer equipo y también se encargaba de la agenda de Daniel Sánchez Llibre, aunque no tenía ascendiente sobre él ni influía en la nula política de comunicación del club.
Desde el año pasado, sin prescindir de Rafa Ramos, el Espanyol se reforzó con el fichaje de Xavier Andreu, un periodista procedente de la televisión catalana (TV3), que se incorporó como director de Comunicación y Relaciones Externas.
Su tarea es la de llevar la agenda de Sánchez Llibre, de que éste salga bien en las fotos (corbata bien puesta, americana en su sitio) y de, en la medida que puede, "controlar" el tráfico de informaciones. El sueño de Andreu, como el de Badia, es que los periodistas dejen de enredar por el club, rebajar el número de horas de espera en las instalaciones y dar el trabajo masticadito, por eso, cada vez más se ofrecen declaraciones enlatadas a través de los medios oficiales: Barça TV, el web del Espanyol. Este es lo que pretenden: el aumento del periodismo de corta y pega a partir del mensaje unívoco que se ofrece desde el club; el sueño de todo asesor en comunicación.