19.000 kilómetros, más de 30 horas de vuelo, tres aviones, mucho cansancio, pero ha valido la pena. Hace pocas horas que estoy instalado en casa, luchando contra el 'jet lag' y el cambio brusco de temperatura. El viaje de vuelta, a pesar de todo, ha sido divertido. He coincidido con el equipo masculino de waterpolo y con algunos nadadores. Conviviendo todas esas horas con ellos, se comprende mejor cuál es su secreto: la unidad del colectivo. Llama la atención la armonía existente, el buen rollo en su relación. Rafael Aguilar, el seleccionador, me lo había comentado en un par de encuentros que habíamos tenido antes del Mundial, pero lo mejor era comprobarlo en persona.
Ha sido increíble comprobar que el capitán, el más veterano del equipo, Iván Pérez, el 'negro' como se denomina a sí mismo y apelativo por el cual le conocen todos, es uno más, en las bromas y en el trabajo diario.
Las enormes manos de Guillermo "Willy" Molina, el mejor jugador del Mundial, sostienen con delicadeza un libro de Paul Auster, un libro que por cierto luego me regaló. Con Iñaki Aguilar, el portero, uno de los héroes del último partido, coincidimos en lo enganchados que estamos con Lost. Me habla de la última novela de Stephen King y de un artículo publicado últimamente por el mago del terror sobre la serie . Rafa Aguilar ofrece calidez, proximidad, te da confianza y te agradece lo que has hecho por ellos. "Rafa, gracias porque me has ofrecido tu amistad, que va más allá de la piscina", le dije.
Emilio, el fisio, me habla de sus hijos, de su hija que trabaja como bailarina en una compañía alemana; Antonio Aparicio se mantiene distante. El cazatalentos va rumiando nuevas cosas y Quim, con su sombrero australiano, es la sombra de Rafa Aguilar.
Xavier Vallés vive enganchado a Lost, a Prison Break, a Heroes, a 24 horas... y al waterpolo. Aterrizamos en Barcelona y ya piensa en el próximo partido, un encuentro en Nápoles con su equipo. Los Perrone son los reyes de la tecnología, todos intercambian fotos en sus portátiles de este último mes. Vídeos de locuras tras las duras sesiones de entrenamiento.
Antes de despedirse en el aeropuerto de Barcelona, los abrazos se multiplican. Se desean lo mejor. Seguirán en contacto. Algunos juegan en el mismo club, como Iván, Iñaki y Willy; pero todos se sienten muy próximos y unidos. Este equipo hará historia, porque tiene más calidad humana que técnica y con eso se ganan los partidos antes de tirarse a la piscina.