Podría hablar del partido del Barça en Vilarreal, pero no lo voy a hacer. Podría recordar lo bien que jugó el equipo de Frank Rijkaard en el primer tiempo y la condena que le supuso la falta de remate. También podría apuntarme a la moda de quemar las naves, sacar las estadísticas y comprobar que la enfermedad no es nueva (¿Cuántos partido ha ganado el Barça como visitante esta temporada?), pero tampoco lo voy a hacer. A siete partidos para el final, los azulgrana están en la encrucijada. Hablo del primer tiempo: ¿Qué más tienen que hacer para ganar un partido? Después, sólo fue necesario un arreón del rival (15 minutos) para volver a demostrar el problema existente en la defensa (¿Vistéis como tiraron Zamrotta y Thuram el fuera de juego en el gol de Pirés?). Estoy con la teoría de los grandes d e que esta Liga se ganará más por omisión que por acción, pero no es menos cierto que el único que aún sigue dependiendo de sí mismo es el Barça.
Me da rabia que el peor Madrid en años pueda estar luchando por una Liga cuando no sabe lo que es jugar a fútbol. ¿Y por qué? Simplemente porque el equipo de Capello tiene más orgullo que el de Rijkaard, que al primer contratiempo se ha venido abajo, es como aquel boxeador con bíceps de acero y mentón de cristal.
El Barça ha convertido su trayectoria en las últimas semanas en un continuo sube-y-baja, en un querer y no poder, en un Dragon Khan inacabable. Se va a hacer duro este final de temporada y más porque con independencia de si consigue o no el título, el ejercicio se acabará muy tarde, con una final de Copa del Rey ante el Sevilla, de una manera que marcará el futuro.

Dos apuntes:
Patética la 'barcelonitis' de Marca, que tres días después del golazo de Messi decide otorgarle la etiqueta de "el mejor gol colectivo" a de Van the Man.
Patética la directiva del Barça, con el proyectado viaje a Egipto, entre semana, a cambio de 1,5 millones y para jugar una pachanguita. Como se lesione algún jugador, no lo quiero ni pensar.