
La carretera del cementerio de Collserola es muy virada. Corta, de unos 4 kilómetros, conecta la parte cercana al Velódromo de Horta, cercano al hospital del Vall d'Hebron de Barcelona, con Montcada i Reixac. Ideal para eludir los atascos de la ronda de Dalt, es una carretera que impone, con uno de los índices más altos de peligrosidad. El asfalto es irregular, hay multitud de socavones, cuando llueve el agua circula libremente por el piso formado verdaderas lagunas en algunos recodos de la misma, está mal señalizada, con curvas cerradas y sin protecciones laterales en muchos tramos.
Por esa carretera circulo con mi motocicleta cada mañana, cada tarde y muchas noches para llegar desde donde vivo hasta Barcelona o viceversa. Lo hago con mucha precaución, pero ello no garantiza mi integridad física. Es raro el día que no veo algún accidente, pero las autoridades no parecen tomar cartas en el asunto.
Lo de esta mañana ha batido todos los récords. Tres accidentes en apenas 500 metros. Había llovido mucho. Después de una larga recta, justo a la salida de las oficinas del cementerio, una cinta naranja junto a una curva a derechas anuncia la presencia de un todoterreno en la cuneta. No está señalizado, el conductor, móvil en mano, habla con la policía urbana.
Unos metros más allá, en plena subida, dos furgonetas han colisionado. Rastros de cristales, un parachoques en el suelo, plásticos por todos lados, gasolina y aceite anuncian lo peor. El mismo coche patrulla ha llegado al lugar y pone un poco de orden.
Sigue lloviendo, el chubasquero se mancha del barro que cae del cielo. Espero con paciencia a que me den paso y continuo adelante. En pleno descenso, después de ver cómo la tormenta avanza desde el Mediterráneo y entra por la Vila Olímpica desde lo alto del mirador, me encuentro con un triángulo naranja en plena curva. Un vehículo ha chocado contra el quitamiedos y ha destrozado el lateral.
Tres accidentes, cuatro vehículos involucrados en unos minutos, en 500 metros. ¿Quién pone remedio? Es hora de elecciones, de promesas, pero arreglar esa carretera no lo he visto en ningún programa electoral. Si hubiera estadísticas de accidentes, que en algún sitio estarán, estoy convencido de que esta carretera batiría todos los récords de siniestrabilidad ¿A qué esperan los políticos?



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