Cuando una conjetura se convierte en un teorema, es que la cosa va en serio. Es la diferencia entre una posibilidad y una realidad; entre un indicio y una certeza. Por eso la conjetura de Poincaré dejó de serlo cuando alguien se encargó de demostrarla, aunque para ello tuviera que pasar más de un siglo.
En todo este tiempo, el instituto matemático Clay incluyó la citada demostración entre uno de Los Siete Problemas del Milenio hasta que en 2002, el matemático ruso anunció haberlo resuelto y en 2006, los matemáticos chinos Zhu Xiping y Cao Huaidong publicaron la demostración.
Bueno, aquí no es donde quería yo ir a parar. Quería pasar de largo de los teoremas, para hablar sobre las corazonadas, los presentimientos, que no dejan de ser conjeturas, sin ninguna base científica. ¿No habéis tenido nunca la sensación de que algo va a suceder, simplemente por la observación de algunos indicios o señales que lo preceden?
A mi me sucede a menudo. Muchas veces me equivoco, pero en otras me da un vuelco el corazón al comprobar que estaba en lo cierto. Es lo que ha ocurrido.