María no estaba nerviosa, a pesar de que con 11 años era su primer viaje en avión sola. Su tío se esperó en la puerta de embarque hasta que una azafata le llevó hasta su asiento en el avión. El personal de vuelo le dio las indicaciones precisas, debía esperar a que en el avión no quedara nadie para abandonarlo, después la acompañarían a recoger su maleta y estarían con ella hasta que sus padres la recogieran.
El avión llegó a Barcelona, un persona de Groundforce , con un vistoso peto verde fosforito la recogió a ella y a otra niña que estaba en sus mismas circunstancias. Viendo que había demasiado gente esperando en la cinta para recuperar la maleta, la persona de Groundforce, que había sido contratada por Air Europa , decidió no esperarse. Sacó a las dos niñas hacia la terminal.
Apareció María, con un cartelito colgado en su cuello, junto con el chico del peto de Groundforce. Este nos dice que no había tenido tiempo (sic) de recoger la maleta y que deberíamos encargarnos nosotros mismos accediendo por la puerta común de embarque y pasar el control de seguridad. Nos quedamos extrañados, nos hizo firmar un papel y nos entregó a la niña.
En ningún momento acreditamos nuestra identidad, pero María, como podía haber sido una desconocida, ya estaba con nosotros. El empleado de Groundforce se movía nervioso y nos preguntó si "la otra niña" también era nuestra y le dijimos que nosotros no sabíamos de qué nos estaba hablando. Total, que acababa de perder a una de las dos niñas que tenía en custodia.
Cuando fuimos a recuperar el equipaje, el Guardia Civil nos indicó que debíamos denunciar lo ocurrido ante Aena y ante la compañía aérea. Groundforce había incumplido todos los protocolos de seguridad establecidos y, por lo que nos dijo, no era la primera vez. La empleada de Aena se puso las manos en la cabeza y también la de Air Europa cuando presentamos la reclamación.
Situaciones como la vivida generan desconfianza y la pregunta: "¿La otra niña no es suya?", los pelos de punta.