Algunos de vosotros me han pedido que escriba algo sobre el final del Mundial de F-1 y de la pugna entre Lewis Hamilton y Fernando Alonso.
Antes de nada, aclarar que el automovilismo no es de mi deportes favoritos. No entiendo el motivo por el cuál una carrera se puede resolver en el box, por una enrevesada normativa o porqué el mecánico de turno se equivocó a la hora de apretar una tuerca.
También es conocido que Fernando Alonso no es santo de mi devoción y no lo es porque es un personaje engreído, el prototipo de persona-hecha-a-sí-misma que triunfa gracias a su talento o fracasa por culpa de los otros, nunca por demérito propio.
De Alonso, me han contado mil historias. Muchas insisten en su carácter taciturno, en su egocentrismo, esas son historias de periodistas, de lo que tienen que soportarle cada Gran Premio. Después están las historias que me cuentan desde dentro del mundillo, en ellas hablan de un piloto genial, intuitivo, trabajador y que no deja de sorprender.
En 2002, Fernando Alonso, después de su paso por Minardi, era el piloto probador de Renault. Eso le obligaba a recorrer muchos kilómetros en diferentes trazados buscando la puesta a punto del coche. En una de las sesiones en el otoño barcelonés, los responsables de Seat Sport, que estaban en plena organización de la Supercopa Seat León, le pidieron que probara uno de sus autos en Montmeló.
Alonso accedió. Dio unas cuantas vueltas: 5, 10, tal vez 20 y cuando acabó, Fernando se bajó del coche y pidió hablar con el ingeniero jefe. En el 'box' también estaba Jaume Puig, director de Seat Sport, que escuchaba con atención las explicaciones que daba el piloto.
Alonso, en 5, 10 ó 20 vueltas, les dio una serie de recomendaciones para mejorar el auto. El coche fue mucho más competitivo a partir de entonces, se convirtio en uno de los autos punteros. La solución a los problemas de fiabilidad los habían resuelto en 5, 10 ó 20 vueltas, con Fernando Alonso a los mandos.
En Interlagos, el asturiano puede volver a rizar el rizo, pero es muy complicado. Personalmente considero que es de mucho mérito lo que Hamilton ha hecho en su estreno en la Fórmula Uno y puede marcar un hito en el caso de que se lleve la victoria. Por otro lado, hay que valorar las desafortunadas intervenciones de la FIA durante toda la temporada: con algunas penalizaciones absurdas, como la sufrida en el Gran Premio de Hungría que puede ser decisiva.
Yo no soy alonsista, tampoco pro Hamilton. Me llama la atención la mística de los Ferrari. No me gusta la F-1.