Se ha demostrado: con determinación y yendo a por el partido desde el primer minuto, el Barça no debe tener problemas para ganar en ningún sitio. Mordió el Barça, el equipo funcionó en todas las líneas y sólo la lesión de Messi, que no jugará el clásico ante el Real Madrid por una rotura en el bíceps femoral, ensombrecerá la gran victoria ante un triste Valencia. La victoria tiene que ser fundamental para la suerte del equipo de Frank Rijkaard en este final de año, a una semana vista del gran partido. Tiene el Barça la posibilidad de darle la vuelta a una situación en la que se ha metido él solito, por el carácter acomodaticio de sus futbolistas, de su entrenador y de los dirigentes, pero parece que se ha llegado a tiempo.
El partido fue un rondo de 90 minutos. Estuvo incomensurable Eto'o, que con sus dos goles resultó decisivo para la tranquilidad del fútbol blaugrana. El de hoy fue, sin duda alguna, el triunfo del colectivo, del trabajo solidario, de las estrellas y de también de los futbolistas estajanovistas. Me encantó Xavi en la dirección, estuvo espléndido Gudjohnsen en su posición natural; como Yaya Touré en la anticipación. La defensa, salvo en los minutos finales, no pasó apuros, en una línea en la que destacó Márquez, que me recordó al futbolista que fue. El resumen del partido y, del juego del Barça, fue el segundo gol, en el que intervinieron prácticamente todos los jugadores del equipo.
Impecable la vuelta de tuerca que le ha dado Rijkaard al equipo. Se ha dejado de alineaciones políticas, se ha dejado de proteger a sus jugadores y todo el mundo se ha puesto las pilas. Si Ronnie no está bien, no juega; si Zambrotta, no está concentrado, se queda en el banquillo. Este es el camino, el camino que llevará al Barça a lo más alto.

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