Ahí estaba, con su cuerpo de mujer y su cara de niña. De vendedora de periódicos, de mendigo o de sirvienta, con los nervios por dentro y una sonrisa en el rostro. Empezó la música, la escena de Annie en la habitación con los huérfanos y ya sabía que iba a disfrutar.
Ella no exterioriza sus emociones, es reservada. En la distancia le seguía con la mirada y la veía cómoda. En cuanto empezó a bailar, las dudas desaparecieron. Cuando acabó todo la vi como nunca, por una vez -espero que sirva de precedente- se mostró exultante, dejó la timidez a un lado y demostró de lo que es capaz.
Fue durante la primera representación de 'Annie', a cargo del Grup de Teatre La Salle Montcada. Casi un año de trabajo, muchas horas invertidas y la satisfacción del trabajo bien hecho. Serán sólo siete representaciones, pero a ella le marcará, porque se habrá dado cuenta de que puedes disfrutar y mucho, encima de un escenario.
La obra la protagoniza Maria Biescas. Ocho años y un desparpajo fuera de lo común. Uno de los asistentes en el 'backstage' me comentó que no había visto nada igual. Él, aunque con mucha modestia, sabe de qué va esto y aún recuerda el paso de Núria Gago por las tablas de ese mismo teatro.
Al margen de la soberbia actuación de 'Annie', destaca la seguridad de Marta Mayol y especialmente la de Juan Andrés Espínola, en el papel de Oliver Warbucks. Me comentaron que tenían problemas para encontrar un personaje con garantías para interpretar a Warbucks y él se ofreció.
En total, 57 actores y actrices, que llegan a coincidir en la escena, y el perrito Blues. Disfruté mucho con la obra y volveré a verla - colgaré algún video y fotos-, pero me embargó la nostalgia de ver en las tablas ese cuerpo de mujer con una cara de niña. Mi vida.

PD: Por cierto, ahora que se ha convertido a la religión culé, resulta que se perderá su primer clásico en directo. Cosas del teatro!