Irving Penn decía que también era arte fotografiar un pastel. Ahora nadie la pone en duda, pero sí cuando Penn (Estados Unidos, 1917) y hermano del cineasta Arthur Penn (”Bonnie and Clyde” y “Little Big Man”) la pronunció. Sus fotos, aún de naturalezas muertas, están llenas de vida. Maestro de la luz, se dio a conocer con sus retratos en blanco y negro en las portadas de Vogue , cuando fue contratado por Alexander Liberman. Después demostró que no sólo fotografiando pasteles o personas podría ser un artista, sino plasmando flores, huesos o colillas de cigarrillos. Ha sido el fotógrafo comercial más importante del mundo, uno de los pocos cuya credibilidad y éxito en el mercado del arte iguala a su cotización en el mundo de las revistas.
De él, que el verano pasado cumplió los 90 años, apenas hay fotos. ¿El motivo? Asegura que la cámara le pone nervioso: "Es como una cuchilla de afeitar”.