Nunca he entendido por qué el Barça prescindió de su sabiduría. Para los no iniciados en el baloncesto tenía el estigma de entrenador perdedor, por las tres finales de la Copa de Europa que su equipo perdió, pero para los que disfrutamos con el baloncesto, él fue el artífice del mejor Barcelona de la historia. Aquel equipo con Solozabal, Epi, Sibilio o Norris jugaba como los ángeles y él fue el gran responsable. Sus equipos tienen un sello inconfundible, aprovecha y fomenta el talento, da oportunidades a los jóvenes (Juan Carlos Navarro, Pau Gasol, Roberto Dueñas, Rudy Fernández, Ricky Rubio...) y siempre tiene claro cómo hay que jugar. Tuvo la mala suerte de que en Can Barça no le apoyaron en algunos momentos y acabó devorado por el monstruo del Palau. Hoy ha sumado su título número 20, su quinta Copa del Rey y su equipo sigue jugando como los ángeles. La Penya tiene la suerte de haber confiado, otros lo despidieron y se fue por la puerta de atrás. Ahora sólo hace falta ver donde están unos y otros. Felicidades, Aito!