
(Mapa del progresivo desmembramiento de la antigua República Federal Socialista de Yugoslavia)
Estados Unidos y una veintena de países de la Unión Europea tienen previsto anunciar a partir del próximo lunes que están dispuestos a reconocer la independencia de Kosovo, entre ellos países de primer nivel económico como Alemania, Francia, Gran Bretaña o Italia. Sólo Rusia, histórico aliado de Serbia, se ha postulado a favor del gobierno de Belgrado.
Fuentes diplomáticas españolas ya han advertido que Madrid no reconocerá a Kosovo ni establecerá relaciones diplomáticas con el nuevo Estado a "corto y medio plazo".
La decisión es lógica. Con las elecciones a la vuelta de la esquina y la posibilidad de un posible "efecto dominó" en el seno de la Unión Europea, el Gobierno de ZP no quiere ni tomar en consideración un asunto que le puede explotar en las manos. Hablar de Kosovo es pensar automáticamente en el País Vasco y en Cataluña; en Escocia, en Córcega, en la República turca de Chipre Norte...
La independencia de Kosovo es un asunto envenenado para España, que más por intereses localistas que por planteamientos generales se ha visto abocada a alinearse con Grecia, Chipre, Rumanía o Eslovaquia en contra de la independencia de los kosovares.
Llama la atención el apoyo norteamericano a la causa, hasta el punto que los serbios ya han bautizado al nuevo Kosovo como los Estados Unidos de Albania. Putin está al otro lado, al costado de los serbios y me llama la atención que por una vez alguien se atreva a decir en voz alta lo que es un clamor.
"¿No les da vergüenza a ustedes los europeos utilizar dos medidas para solucionar las mismas cuestiones en diferentes regiones del Mundo? ¿Para qué alentar el separatismo?. La gente no quiere vivir en España en un Estado único. Entonces, apóyenlos allí", dijo.
Con la independencia de Kosovo, acabará por desmantelarse lo que antaño fue la República Federal Socialista de Yugoslavia.
La primera república en desmembrarse fue Eslovenia (25-6-1991). El 88 por ciento de los participantes en un referéndum (23-12-1990) decidieron que había llegado el momento de abandonar el ligazón con Serbia. Fue una independencia incruenta, apenas algunas escaramuzas entre el ejército esloveno y el ejército popular yugoslavo (JNA). 10 meses después fue reconocido por la Comunidad Económica Europea y por 30 países más; Estados Unidos lo había hecho una semana antes.
En 1991, Macedonia accedió a la independencia sin verter ni una gota de sangre. El 95 por ciento de los participantes en una consulta la refrendaron. Fue proclamada independiente el 15 de septiembre de 1991.
La llegada al poder de Franjo Tudjman fue determinante para que Croacia se declarara independiente (92 por ciento en un referéndum) en la misma fecha que Eslovenia, aunque oficialmente la proclamación fue el 7 de octubre de 1991. Fue un proceso doloroso, con una guerra abierta entre unos y otros que se prolongó, con mayor o menor intensidad, durante cuatro años (1991-1995). Croatas y serbios se reconocen mutuamente desde 1996.
El parlamento de Bosnia-Herzevogina proclamó la soberanía en 1991. Un año después, bosnios, croatas y serbios firman un tratado que divide Bosnia-Herzegovina en tres cantones, pero tres días después el presidente Alija Izetbegovic organiza un referéndum, boicoteado por los serbios, y la independencia la aprueban el 62,8 de los electores.
Es reconocida internacionalmente en 1992, poco después empieza el asedio de Sarajevo y la guerra dura hasta 1995. Por la paz de Dayton, Belgrado reconoce a Bosnia desde noviembre de 1995.
Montenegro, la última república yugoslava unida a Serbia, su aliada de siempre en la guerra de los noventa, proclamó su independencia el 3 de junio de 2006.
En abril de 1992, ambos países formaron la República Federal de Yugoslavia, que pasó a llamarse en febrero de 2003 Serbia-Montenegro. El mayo de 2006, el 55,5 por ciento de los votantes en un referéndum decidieron el nuevo camino de los montenegrinos.
Guste o no, toque o no toque, lo ocurrido en los Balcanes, como en el pasado ya se vivió en las Repúblicas Bálticas, debe servir de experiencia en una Unión Europea donde cada vez los Estados-Naciones están más diluidos. ¿Será capaz el gobierno de ZP de plantearse con seriedad la cuestión o seguiremos viviendo de espaldas a la realidad?


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