Esto no es nuevo. Ronaldinho fue vendido al Barcelona porque en el PSG nadie le quería, todos estaban hartos de su indisciplina. Lo reconoció el entrenador de los parisinos por aquel entonces, Vahid Halihodzic y lo publiqué en Las Margaritas en septiembre pasado. Ahora Luis Fernández, en su libro 'Contra ataque' ha vuelto a explicar lo que ya se sabía desde hace tiempo, que Ronaldinho introdujo una prostituta en la concentración del equipo y a partir de ese momento, las relaciones entre entrenador y jugador se rompieron.
La evidencia es que Ronaldinho, después del Mundial de 2002, fue más profesional y jugó a un altísimo nivel durante cuatro años. Ahora ya se ha acabado todo. A la falta de motivación (qué le queda por ganar?) hay que sumarle su gusto por el 'dolce far niente' y por la samba, amén de otros pecados veniales que no seré yo el que los desvele. En cuanto el viento ha soplado de proa y la directiva le ha dejado de proteger, Ronaldinho se ha convertido en un personaje de guiñol, incapaz de superar a su sombra, imposible de enfrentarse a su pasado. A Ronnie no le quedan defensores, ni defensa; al brasileño Rijkaard también le está a punto de abandonar y sólo el vestuario le protege. Ha llegado el momento, pongamos las cartas sobre la mesa, que Ronnie acabe la mejor manera posible la temporada, que se le dé una carta de recomendación y con la mejor de las sonrisas que Laporta cobre un buen cheque por él. Lo demás sobra. La prensa oportunista, sobra; los medios que hablan de los problemas etílicos de la estrella y de su gusto por la noche son los mismos que en el pasado conocían esta historia, vendían sus camisetas y cobraban por ello, todo un ejemplo. En un programa radiofónico, Jorge Messi, el padre de Leo, ha despotricado contra ese periodismo irresponsable, que llegó a publicar que Leo se fue de fiesta la noche antes de viajar a Argentina. No todo vale.