El resultado por delante del juego; la seriedad del equipo y la ilusión de Bojan Krkic, otra vez protagonista. Con esos ingredientes el Barça aderezó prácticamente su pase a las semifinales. Un 0-1, con sufrimiento en la segunda mitad, en la que los de Frank Rijkaard parecían sufrir nuevamente el síndrome bético y en la que los alemanes, más corazón que calidad, tuvieron sus oportunidades para, cuanto menos, llevarse el partido.
Me gustó el Barça de los primeros 45 minutos, aunque se le vio temeroso. Los alemanes, como pronostiqué, no son nada del otro jueves, un equipo físico, ordenado y que intenta aprovechar las jugadas a balón parado. Hoy, además, tuvo algunas opciones más, a causa de la falta de decisión de la defensa, en concreto de los dos laterales.
Suerte que de nuevo apareció Bojan y marcó el gol de la victoria, en una de las pocas jugadas creativas del equipo. Tras ese tanto, el Barça se fue diluyendo y acabó sufriendo en la segunda parte, cuando el Schalke se hizo con el partido, marcó el ritmo del juego y los azulgrana se temieron lo peor.
El Barça tiembla cuando se rebaja el nivel físico de Touré Yayá y Xavi e Iniesta, que hoy volvió a jugar a buen nivel, no pueden soportar la presión de la medular contraria. Rijkaard se debería plantear la posibilidad de reforzar el centro del campo y si tiene que jugar con cuatro, que lo haga. Resulta increíble que no sepan gestionar un resultado a favor cuando hace un par de meses, esa lección parecía superada.
Con el pase prácticamente garantizado a semis, hay que mirar hacia Manchester y hay que hacerlo con temor. Los ingleses están en la actualidad a un nivel muy superior al del Barça, pero confío en que ya con Messi, el equipo se revitalice.

La foto es de Reuters.