En su colaboración de hoy en El País, titulada "Echaré de menos a Rijkaard", Empar Moliner da en el clavo al asegurar:

Para poder mandar bien, lo deseable es que el jefe gane mucha más pasta que el subalterno.

En el caso del entrenador holandés, en la actualidad llegaba a cobrar hasta 3 veces menos que el mejor pagado de la plantilla. Cuando fue contratado, cobraba un tercio de lo que percibe en la actualidad (Esto parece una ecuación con muchas incógnitas de las que le gustan a Lucy) y tenía más ascendiente que en las dos últimas temporadas.
Estoy completamente de acuerdo con esta afirmación, extrapolable a cualquier situación laboral. Hay cuestiones que tienen un valor añadido.