¿Por qué somos incapaces de valorar al Barça de las Cinc Copes en la misma medida que podemos jactarnos de la calidad del 'Dream team' de Cruyff? ¿Por qué no nos podemos sentir orgullosos por el salto cualitativo que supuso el barcelonismo con Núñez y a la vez alabar el trabajo de Joan Laporta al frente de la entidad? ¿Por qué somos incapaces de poner en el mismo altar a Kubala, Luis Suárez, Cruyff o Ronaldinho? ¿No habría, incluso, que agradecerle a Joan Gaspart que impulsara la renovación de los estatutos del club y limitar los años de mandato? ¿Es que no se puede confiar en el futuro con Sandro Rosell al frente?
El barcelonismo es un puro conflicto, nos complicamos la vida y vivimos en un tobogán de grandes dimensiones y muchos saltos al vacío. En el viaje de hace unas semanas a Manchester lo vi claro. Tenemos que sentirnos orgullosos del pasado, sin personalismos. No podemos establecer continuamente divisiones, sino tener una visión global del Barça como el gran club que es, como "Més que un club".
En Old Trafford y en muchos otros campos de equipos europeos, se sienten orgullosos de su pasado. De todos y cada uno de sus jugadores, entrenadores o presidentes; no se es excluyente y así debe ser el Barça, un movimiento integrador, que aglutine a todas las tendencias y eso no ocurre.
El Barça es Núñez y Cruyff; Laporta y Rosell; Gaspart y Bassat; Romario y Romerito; es Migueli y Eladio; Montal y Llaudet; César y Eto'o...
Imagino un Barça sin conflictos, un club sin fisuras, esté quien esté al frente del mismo, sea quien sea el entrenador o el goleador de turno. Me cansa que cíclicamente pongamos en duda la mayor -el Barça- y deseemos quemarlo todo para renacer de nuevo de las cenizas. Ese no es el camino.
¿Y si el Barça fuera una SA? Los propietarios serían los encargados de velar por el negocio, ese enorme negocio que también es un sentimiento.
Los propietarios se jugarían su dinero y no permitirían que se devaluara ni un euro de ese gran pastel, no como ahora, que el barcelonismo está al albur del presidente de turno.
Lo que históricamente se ha vendido como una garantía de independencia, al otorgar "la pertenencia" del club a los socios, es una excusa para que diferentes grupos dominantes se perpetúen en el poder, de "passar-se el porró". Miremos adelante.