Son las 7.16 y el resultado es de 2-3. El enorme reloj situado en uno de los extremos del estadio Wankdorf se ha detenido en el tiempo para recordar la gesta de aquel 4 de julio de 1954, cuando la invencible Hungría cayó ante Alemania (2-3) en la final del Mundial, desde entonces aquel partido se bautizó como "El milagro de Berna".
No ha sido la única vez que este estadio, construido en 1925 y demolido en 2001 para construir el actual, acogió un partido con un final insospechado. Para ello sólo hace falta recordar la final de la Copa de Europa de 1961, cuando el Barcelona estrelló hasta cinco balones en la madera y acabó perdiendo la final ante el Benfica portugués (3-2)....

Antoni Ramallets recuerda que aquella final enseñó a los jugadores barcelonistas a "perder con orgullo", pero nadie acaba de comprender, en Barcelona o en Budapest, por qué el Wankdorf fue tan cruel con ellos.