Perdido en la inmensidad de Zürich: una mochila con el portátil, un mapa en la mano. El último tranvía me dejó demasiado lejos del hotel, pasaban 20 minutos de la una y las únicas almas que paseaban su orgullo por el centro financiero de la ciudad eran los 'tiffossi'. Ni rastro de taxis.
Quienes me conocen saben que mi fuerte no es la orientación, pero en una ciudad como esta es fácil. Ríos, canales, puentes... Demasiados puntos de referencia.
Se me hizo muy largo, mucho más de los 45 minutos que tardé en alcanzar la puerta del Wellenberg. Cuando llegué al puente de Bellevue, que separa el lago de Zürich del gran canal, ya vi que aquel terreno me era conocido y desde allí tomé la instantánea.
Llegué pasadas las 2 de la madrugada. Aún debía ponerme a trabajar un poco, pero no tenía ánimo. Esta mañana me desperté temprano y empecé a transcribir todas las declaraciones de jugadores italianos que la noche antes me parecían palabras ininteligibles.
Ya estoy en Basilea, recién instalado. Me queda una semana en la Eurocopa, dos cuartos de final (Portugal-Alemania; Holanda-?) y una semifinal. A pesar de que los puristas pueden no estar de acuerdo, me está gustando el nivel de esta Eurocopa, me encanta el juego de mi selección (Holanda), de Portugal y los que emocionalmente estén implicados con la Roja también tienen motivos para estar satisfechos.