Seguir por televisión un partido de España en una pizzería y rodeado de italianos, tiene su encanto, especialmente si el partido, por una vez, termina bien. No soy de los que se involucra emocionalmente con el equipo de Luis, pero llegado el caso, tampoco hay dudas sobre mis preferencias en un partido como el de ayer.
España tiene la mejor selección de su historia y, sin embargo, tuvo que sufrir ante un equipo italiano de menor nivel que le llevó a los penaltis. Desde los 11 metros, pocos creían que se iba a obrar el milagro, entre otras cosas porque siempre pensamos que lo que tiene el vecino (Buffon) es mejor a lo que tenemos nosotros (Casillas).
El partido fue el peor de la serie de cuartos, pero España no mereció apurar más allá de los 90 minutos. Vi, por una vez, la defensa en su sitio; Sergio Ramos sin alocadas subidas por la banda; el centro del campo con un enorme Senna, y con una buena prestación de los centrales.
Me gusta las alternativas que maneja el entrenador con la salida de Xavi e Iniesta, hasta estoy de acuerdo con la decisión que adoptó sobre Torres.
Ahora toca Rusia. Seguí en directo el Holanda-Rusia del domingo y me encantó el fútbol del equipo de Hiddink. Creo que se puede ver una buena semifinal. No será el paseo del 4-1 del estreno, estará Arshavin, pero faltaran Kolodin y Torbinsky.
Pronostiqué que España pasaría de cuartos y se quedaría en semifinales. Mantengo mi apuesta. Mientras tanto no contemplo nada más allá del miércoles. Esta tarde nos vamos al Sportzentrum de Rankhof, donde se entrenan los rusos; mañana está la previa del Alemania-Turquía, devolveré el coche; el miércoles último partido aquí y el jueves espero estar en casa a la hora del España-Rusia.
Ha sido duro, por el trabajo, pero especialmente por los días seguidos sin poder desconectar, arriba y abajo, con una acreditación pegada al cuello, un portátil en la mochila y a expensas del teléfono móvil. Al final siempre queda la satisfacción de la primera vez, de mi primera Eurocopa.

la foto es de EFE