Ser campeona de la manera cómo hoy lo fue España es una buena manera de acabar de una vez por todas con ese complejo de inferioridad que nos ha atrapado desde siempre. Ha ganado, simplemente porque ha sido la mejor, porque sus futbolistas, por una vez, han salido al campo sintiéndose superiores y, lo más importante aún, demostrándolo. Es el triunfo del concepto, de las cosas bien hechas, de saber que no tienes límites, que eres mejor que el contrario y que había llegado el momento de demostrarlo. España, la eterna favorita, la eterna perdedora, se ha quitado un peso de encima y lo ha hecho a lo grande, ganando a otro grande, Es el momento de disfrutar de una victoria que ha tardado 44 años, pero debe ser el inicio del camino con una generación de futbolistas a los que le queda, como poco, un Mundial más. La lástima es que el vilipendiado Aragonés, ese tipo trasnochado, al que yo pensaba que ya se le había pasado el arroz, lo verá desde su retiro dorado de Estambul. Gracias porque por una vez ha ganado el fútbol.