A los que viajan en los próximos días siempre les queda el íntimo egoísmo de pensar que no volverá a repetirse, es cuestión de un simple cálculo de probabilidades. Son accidentes que suceden muy de década en década, nadie puede pensar que le tocará a él y, sin embargo, un nudo en el estómago nos ahoga pensando en la posibilidad.
Desde hace muchos años viajo en avión. Vuelos nacionales, internacionales, transatlánticos y transcontinentales, da igual. En cuanto enfilo el ‘finger’ y tomo asiento en cualquier Boeing, Airbus o MD, como el del desgraciado accidente de Barajas, nunca pienso en negativo. Hay que ser pragmático y ante situaciones que no pueden controlarse, preocuparse por ellas genera una tensión innecesaria. Por ello, íntimamente me pregunto: “¿Puedes hacer algo para controlar lo que ocurre? ¿No? Entonces, de qué hay que preocuparse”.
Estos días muchos de nosotros viajaremos, muchos tomaremos un avión, en algunos casos incluso será un MD, puede que de la compañía Spanair, pero todos confiaremos en el cálculo de probabilidades, no hay nada más a lo que acogerse.
En el periódico canario “La Provincia”, el periodista Miguel F. Ayala escribe hoy un artículo titulado: “El avión donde viajábamos todos” en el que describe la situación que se encontró en el aeropuerto grancanario durante toda la tarde de ayer:

“Visto el desfile de rostros conocidos que aguardaba ayer en el aeropuerto de Gran Canaria noticias de sus familiares, no es un dislate afirmar que en ese maldito avión de Spanair accidentado en Madrid viajaba un pedacito de todos los grancanarios”.

Son días tristes, porque muchos sueños quedaron resumidos en un fundido en negro al final de una pista de aterrizaje.

© Foto EFE