A Sally, que me enseñó los efectos benéficos del golf.

El banquero de la mafia. Mikael Blomkvist.

Hay lecturas que pueden ser adictivas, como paso previo a la obsesión. Es lo que me ha ocurrido con "Los hombres que no amaban a las mujeres", la primera de las novelas de la trilogía Millenium escrita por el sueco Stieg Larsson, quien falleció a los 50 años poco después de entregar el último original.
Larsson, un periodista especializado en investigaciones sobre grupos de extrema derecha, ha creado una novela redonda, de aquellas que cualquiera soñaría con escribir. La trama engancha desde la primera página -en realidad hasta el reclamo de la contraportada es adictivo- y lo que parece un gran cluedo en una habitación (en realidad una isla), se convierte en una cascada de sorpresas comandadas por los protagonistas: el periodista Mikael Blomkvist -creado a semejanza de Larsson- y la 'hacker', Lisbeth Salander.
Todo gira en torno a Harriet Vanger, desaparecida hace 36 años en una isla sueca propiedad de su familia, que es propietaria de un grupo empresarial en la actualidad en horas bajas.
Su tío, Henrik, el patriarca de los Vanger, vive obsesionado con resolver el misterio antes de morir. En las paredes de su estudio cuelgan 43 flores secas enmarcadas, Las primeras siete fueron regalos de su sobrina; las otras llegaron puntualmente para su cumpleaños, de forma anónima, desde que Harriet desapareció.
Hacía mucho que no leía una novela negra con esta intensidad. He devorado en pocos días las 665 páginas y ya espero que los otros dos volúmenes: "La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina" y "La reina en el palacio de las corrientes de aire" vean la luz.
Las tramas de Larsson, con un estilo impecable, me recuerdan a las de Henning Mankell, pero son más adictivas. Stieg Larsson, que trabajaba en una modesta revista (Expo), creaba sus obras por la noche, al llegar a casa. Escribió sus novelas muy rápido -nueve meses cada uno, más de 1.500 páginas en total- y, a los pocos días, murió de un ataque al corazón y no pudo ver cómo sus novelas se convertían en un éxito, tanto en los países nórdicos, como en media Europa.
Este es el cuarto libro que he leído este verano y el mejor de largo. Empecé con "El juego del ángel", que me resultó una completa decepción, nada que ver con "La sombra del viento". Continué con "Clara", un texto de una amiga, un trabajo que me hizo mucha ilusión leer, y después leí "Rarología", que consiguió algunas sonrisas.