En contra de los matrimonios 'gays', el aborto y la eutanasia. Dice que ante las críticas hay que saludar y sonreír, y sobre todo tragarse los sapos. Asegura que hay que enseñar religión a los niños porque necesitan "una explicación sobre el origen del mundo y la vida". Habla de Alfonso Guerra ("una persona íntegra y honrada), de la quema de fotos ("no nos queman a nosotros, queman fotos, trozos de papel") y de la violencia de género ("Ha ocurrido siempre. Ahora se informa más y con todo detalle. En cierto modo, se provoca un contagio, se dan ideas que otros imitan. Los que son propensos tienen un filón en esas noticias").
Es divertido comprobar la polvareda que han levantado estas declaraciones, extractadas del libro de Pilar Urbano: "La Reina muy de cerca". ¿Alguien pensaba que una señora de 70 años, conservadora, católica y que vive entre la burbuja de su palacio y la artificiosidad de las recepciones oficiales pudiera tener otra idea al respecto de lo que ocurre en la vida real? Señores, a los Reyes no se les escoge democráticamente, son figuras del pasado que fueron devueltos a un lugar preeminente después de 40 años de dictadura y a instancias de aquel.
Por eso me extraña ese revuelo y el argumento que utiliza la portada de 'Público'. La Reina no se tiene porqué callar, tendría que hablar más, que haber hablado antes y ofrecer su opinión sobre lo que ocurre a su alrededor y si lo hubiera hecho, ahora no nos extrañaría nada. ¿O acaso de ella sólo esperamos que levante la mano, salude y hable sobre el peso de sus nietos?