Dice que no miente, simplemente se dedica a "administrar la verdad". Como si de Tintín se tratara, Joan Fontcuberta, Premio Nacional de Fotografía 1998, juega a las aventuras, casi siempre sin moverse de la viñeta, pero recreando la realidad. Se transforma en Ivan Istochnikov (Joan Fontcuberta en ruso), un desaparecido tripulante del Sputnik, en un montaje tan perfecto que llegó a engañar a Iker Jiménez que dedicó un programa a esta historia; o en un lugarteniente de Osama Bin Laden.
Pide gotas de sangre a sus amigos y crea 'Hemogramas', o gotas de leche materna para reunir muestras en 'Lactogramas'. Asegura haber descubierto el 'Hydropitecus', un homínido acuático del Mioceno, una suerte de sirena con la que engañó otra vez, en esta ocasión, a la prensa francesa; y se cree el propietario del mundo tras haber retratato las llaves de personajes influyentes.
Así es el mundo tan irreal como cercano de Fontcuberta, un genio que no miente, sólo "administra la verdad".

La antológica se puede ver en la Virreina.
Una exposición de la obra de Fontcuberta en Córdoba
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